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Pre-Historia

Período de la historia de la humanidad que comprende desde el origen del hombre hasta la aparición de los primeros testimonios escritos, momento en que comienza el período histórico propiamente dicho. "la prehistoria se divide en Edad de Piedra, que comprende el Paleolítico, Mesolítico y Neolítico, y Edad de los Metales".




La Prehistoria (del latĆ­n prƦ: ‘antes de’, y de latĆ­n historia 'historia', este Ćŗltimo prĆ©stamo del griego Ī¹ĻƒĻ„ĪæĻĪÆĪ±: ‘historia, investigación, noticia’) es, segĆŗn la definición clĆ”sica, el perĆ­odo de tiempo transcurrido desde la aparición de los primeros homininos, antecesores del Homo sapiens, hasta que tenemos constancia de la existencia de documentos escritos, algo que ocurrió en primer lugar en el Oriente Próximo hacia el 3300 a. C.; en el resto del planeta, posteriormente.

Mapamundi de las migraciones de Homo sapiens, con el polo norte como centro. Los patrones de migración estÔn basados en estudios del ADN mitocondrial (matrilinear). Los números representan miles de años. África es el punto de partida, leyéndose desde la parte superior izquierda hasta América del Sur en el extremo derecho.

Estado social y tecnológico del mundo, hacia 1000 AC.      Cazadores-Recolectores      Pastores nómadas      Sociedades agrĆ­colas simples      Sociedades agrĆ­colas complejas/jefaturas      Estados      Deshabitado
Según otros autores, la Prehistoria terminaría en algunas regiones del mundo antes, con la aparición de las sociedades complejas que dieron lugar a los primeros estados y civilizaciones.
Es importante seƱalar que, segĆŗn las nuevas interpretaciones de la ciencia histórica, la prehistoria es un tĆ©rmino carente de significado real en el sentido que fue entendido por generaciones. Si se considera a la Historia, tomando la definición de Marc Bloch, como el «acontecer humano en el tiempo», todo es Historia existiendo el ser humano, y la Prehistoria podrĆ­a, forzadamente, solo entenderse como el estudio de la vida antes de la aparición del primer homĆ­nido en la tierra. Desde el punto de vista cronológico, sus lĆ­mites estĆ”n lejos de ser claros, pues ni la llegada del ser humano ni la invención de la escritura tienen lugar al mismo tiempo en todas las zonas del planeta.
Por otra parte, hay quienes defienden una definición de esta fase o, al menos, su separación de la Historia Antigua, en virtud de criterios económicos y sociales en lugar de cronológicos, pues éstos son mÔs particularizadores (es decir, mÔs ideogrÔficos) y aquellos, mÔs generalizadores y por tanto, mÔs susceptibles de proporcionar una visión científica.
En ese sentido, el fin de la Prehistoria y el inicio de la Historia lo marcaría una estructuración creciente de la sociedad que provocaría una modificación sustancial del hÔbitat, su aglomeración en ciudades, una socialización avanzada, su jerarquización, la aparición de estructuras administrativas, de la moneda y el incremento de los intercambios comerciales de larga distancia. Así, no sería muy correcto estudiar dentro del Ômbito de la Prehistoria sociedades de carÔcter totalmente urbano como los incas y mexicas en América, el Imperio de Ghana y el Gran Zimbabue en África o los jeméres en el sudeste asiÔtico, que solamente son identificados con este período por la ausencia de textos escritos que de ellos tenemos1 (los mayas han entrado hace muy poco plenamente en la Historia al haberse descifrado sus glifos, que tienen valor fonético, por lo que forman un sistema completo de escritura).

Prehistoria, Historia y ArqueologĆ­a

Desde el punto de vista mÔs tradicional, se considera que la Prehistoria es una especialidad científica que estudia, por medio de la excavación, los datos de este periodo de la Historia que ha precedido a la invención de la escritura. Los restos arqueológicos son la principal fuente de información y para estudiarlos se utilizan numerosas disciplinas auxiliares, como la física nuclear (para efectuar dataciones absolutas), el anÔlisis por espectrómetro de masas (de componentes líticos, cerÔmicos o metÔlicos), la geomorfología, la edafología, la tafonomía, la trazalogía (para las huellas de uso), la paleontología, la paleobotÔnica, la estadística no paramétrica, la etnografía, la paleoantropología, la topografía y el dibujo técnico, entre otras muchas ciencias y técnicas. De manera que hay un gran número de personas que consideran a la Prehistoria como una especialidad dentro de la Historia, pero mucho mÔs tecnificada y pluridisciplinaria.
La metodología de base para la obtención de datos en la Prehistoria es, obviamente, la Arqueología, por lo que hasta hace muy poco Prehistoria y Arqueología eran confundidas constantemente. En los Ômbitos académicos de la Europa continental la Prehistoria es una especialidad de la Historia, siendo habitual que haya departamentos de Prehistoria dentro de las facultades de Historia y también es normal que la financiación de las investigaciones corra a cargo de instituciones de orientación humanística o la propia administración estatal. En cambio, en América y las Islas BritÔnicas la Prehistoria estÔ siendo supeditada a la Arqueología (Arqueología procesual), la cual, a su vez, suele verse como una especialidad de la Antropología, cuyo alcance, en cualquier caso, no se limita a las fases preliterarias de la Historia, sino a cualquier periodo pretérito, aunque sea muy reciente. AdemÔs, la organización de los departamentos de Arqueología anglosajones suele ser diferente al asociarse a menudo a las Ciencias Naturales, incluyendo laboratorios propios y sistemas de financiación ligados a organismos enfocados a tales ciencias (en Estados Unidos, por ejemplo, la National Science Foundation y en Gran Bretaña el Natural Environment Research Council) o fundaciones mÔs relacionadas con el sector privado.3
Los últimos estadios de la Prehistoria, la Protohistoria, englobarían, según algunas interpretaciones, los periodos sin escritura de ciertas culturas contemporÔneas de los pueblos históricos, cuyos textos nos dan una información adicional sobre estos grupos Ôgrafos, y según otras, aquellas sociedades en proceso de formación de un estado, pero que no tienen escritura. Estas definiciones son bastante limitadas, siendo la primera escasamente útil fuera del Ômbito europeo. Así, debido a la complejidad del concepto, éste es poco usado y las culturas protohistóricas suelen incluirse tanto en el estudio de la Prehistoria como en los primeros momentos de la Historia antigua.
Cronología prehistórica.png

Prehistoria de Ɓfrica

África es la cuna de la humanidad y es en la actualidad el continente en el que mÔs poblaciones siguen utilizando tecnologías prehistóricas. Resulta fÔcil concluir que la prehistoria de África es la mÔs larga y compleja de todo el globo.4 Pero esto no siempre fue visto así, ya que durante el siglo XIX y hasta mediados del XX se adjudicaba a Asia nuestro origen. Esta teoría era la consecuencia de que los fósiles de homininos mÔs antiguos con los que se contaba entonces procedían de allí: el Hombre de Java y el de Pekín. Tal visión cambió radicalmente con los trabajos realizados en el África austral y oriental, y publicados a partir de los años cincuenta del siglo XX, que remontaron la antigüedad de los fósiles africanos (de Australopithecus y Homo) a cuatro millones de años atrÔs.5

Ɓfrica subsahariana

En el África subsahariana nacieron y evolucionaron buena parte de las especies de homininos antepasados nuestros. De allí salió Homo ergaster para colonizar Asia y Europa, Homo antecessor hacia la Península ibérica y, finalmente, Homo sapiens para dominar todo el mundo.6 Posteriormente, el corazón del continente vio como florecieron importantes culturas que fueron decayendo, unas por su propia dinÔmica interna y, otras por la continua sangría provocada por la explotación colonial y/o esclavista iniciada en tiempos de los cartagineses, y perpetuada por los romanos, los Ôrabes y los europeos (estos últimos a partir de la Edad Moderna).

Paleolƭtico del Ɓfrica subsahariana

En África subsahariana para el Paleolítico suele utilizarse la periodización anglosajona, aunque ésta obvia toda la fase de desarrollo correspondiente al género Australopithecus:
  • ESA (Early Stone Age o Edad de Piedra temprana) se refiere al periodo comprendido desde la aparición del primer miembro del gĆ©nero Homo, hace mĆ”s de dos millones y medio de aƱos, hasta hace unos 200 000. Se divide en dos etapas tecnológicas: olduvayense o modo tĆ©cnico 1 y achelense o modo tĆ©cnico 2.

La garganta de Olduvai.
La industria olduvayense es la mÔs antigua del mundo. Aunque recibe su nombre del yacimiento epónimo de Olduvai, en Tanzania, los hallazgos mÔs antiguos aparecen mÔs al norte, en Etiopía, concretamente en la cuenca del río Omo, donde la investigadora francesa Hélène Roche ha datado herramientas talladas en el arroyo de Kada Gona (Afar), por medio del potasio-argón, en 2,6 millones de años de antigüedad. La olduvayense es una industria compuesta, fundamentalmente, por cantos tallados y lascas. Se atribuye normalmente al Homo habilis o al Homo rudolfensis, aunque según ciertos investigadores las especies mÔs inteligentes de Australopithecus (por ejemplo el Australopithecus garhi) también pudieron elaborar herramientas, lo cual plantea numerosas controversias.
La industria achelense apareció hace 1,5 millones de años, al parecer ligada a una nueva especie humana, probablemente Homo ergaster,7 aunque existe un cierto hiato evolutivo en cuanto a los fósiles de este periodo. El Achelense africano, sin duda el originario, se caracteriza por el empleo del bifaz, el hendidor, el canto tallado, la raedera, los denticulados y una serie de técnicas y métodos de talla relativamente avanzados (método Levallois y sus variantes africanas, que son muchas mÔs que las europeas).
  • MSA (Middle Stone Age o Edad de la Piedra intermedia), es el periodo que va desde hace 200 000 aƱos hasta hace 30 000. Se desarrollaron industrias muy parecidas entre ellas, para las que se han establecido numerosas variantes regionales basadas, sobre todo, en la influencia de la materia prima local, que parece condicionar la tecnologĆ­a y la tipologĆ­a lĆ­tica.
En el África oriental y austral (Pietersburg y Bambata) destaca el Stillbayense, que se extiende por el sur de África hasta Rodesia y la zona oriental. Se caracteriza por las raederas, las puntas triangulares, las puntas foliÔceas bifaciales y las lascas laminares. Otra industria propia de las llanuras de SudÔfrica es el Fauresmithiense, que tiene un fuerte componente Levallois y piezas de tradición achelense (bifaces, hendidores...), pero de pequeño tamaño. Las industrias de África central son mÔs arcaicas, como el Sangoense, que parece un Achelense tardío. Es difícil atribuir grupos humanos a cada una de esas industrias; quizÔs las mÔs arcaicas correspondan a Homo rhodesiensis y las mÔs evolucionadas a los primeros Homo sapiens (tal vez a Homo sapiens idaltu u otra subespecie, cuyos restos se documentan en los yacimientos de Border Cave y Klaisies River Mouth, SudÔfrica, y en Herto, Etiopía).
  • LSA (Late Stone Age o Edad de Piedra tardĆ­a) es el Ćŗltimo periodo del PaleolĆ­tico del Ɓfrica subsahariana. Las industrias tĆ­picas del Ɓfrica oriental son nĆŗcleos discoides, piezas foliĆ”ceas bifaciales y microlitos geomĆ©tricos. En Ɓfrica central tenemos el Lupembiense, cuyos artefactos mĆ”s caracterĆ­sticos son unos espesos picos foliĆ”ceos finamente retocados. En el sur de Ɓfrica encontramos la cultura aparentemente mĆ”s sofisticada, el Wiltoniense, de caracterĆ­sticas microlĆ­ticas y laminares que fue extendiĆ©ndose hacia el norte y perduró hasta Ć©pocas históricas, incorporando numerosas innovaciones (llegando incluso, a neolitizarse parcialmente). Por Ćŗltimo, en el Sahel hay industrias emparentadas con el periodo anterior y con rasgos protoneolĆ­ticos, como ocurre con el Gumbiense de EtiopĆ­a (un pueblo de pastores nómadas que conocĆ­an la cerĆ”mica). En muchos de estos lugares tales tecnologĆ­as se mantuvieron sin apenas evolución hasta la expansión bantĆŗ o hasta la colonización europea (por ejemplo, la cultura Gwisho).

Edad de los Metales en el Ɓfrica subsahariana


Escultura nigeriana del siglo XVI.
La metalurgia en la región subsahariana no pasó por las clĆ”sicas fases del Viejo Mundo (cobre, bronce e hierro), apareciendo solo evidencias de fundición del hierro y en unas fechas muy tempranas respecto a Europa. Hasta mediados de los aƱos setenta del siglo XX se relacionaba la expansión lingüística del grupo bantĆŗ por Ɓfrica central y austral (a partir del siglo V a. C. y a costa de, sobre todo, las lenguas joisanas) con la del metal. Pero los datos arqueológicos posteriores han desmentido este modelo de tradición colonialista. AsĆ­, las dataciones mĆ”s antiguas relacionadas con artefactos fĆ©rreos se sitĆŗan hacia el 1800 a. C. en lo que actualmente es el desierto de NĆ­ger. Sobre el 1300 a. C. para algunos puntos de Ɓfrica oriental, el 900 a. C. en el Ć”rea del Congo y el 500 a. C. en Zambia y Zimbabue.8
El proceso lingüístico bantú estÔ todavía lejos de ser bien comprendido y los estudiosos sostienen diversas teorías acerca de su génesis y desarrollo.8 Puede que los Nok de Nigeria, que vivían en los valles de los ríos Níger y Benué, y eran capaces de fundir y forjar el hierro hace 2500 años estén relacionados con el origen de los bantúes, aunque no hay pruebas.
Aunque la mayorĆ­a de los grandes reinos de Ɓfrica centro-occidental mantuvieron fuertes lazos de dependencia comercial con las Ć”reas islĆ”micas, ya históricas, del norte, sus fuentes narrativas siguieron estando basadas en las tradiciones orales. Tenemos noticias de ellos gracias a los viajeros y misioneros musulmanes que alcanzaron el centro del continente y dejaron constancia en sus escritos. Ese fue el caso de un geógrafo que describió en el siglo VIII el imperio de Ghana. Los registros orales fueron puestos por escrito en Ć”rabe gracias a historiadores de TombuctĆŗ, que durante el siglo XVII recogieron tradiciones que se remontaban a los siglos XIII-XIV, relacionadas con el imperio de MalĆ­. En cambio, del imperio Monomotapa, que floreció entre los siglos XI y XV gracias a los contactos comerciales con los musulmanes asentados en la costa del ƍndico, no hay documentos escritos hasta la llegada de los portugueses.9

Noroeste de Ɓfrica

El África mediterrÔnea tuvo, durante la Edad de Piedra, una periodización equivalente a la europea, Paleolítico y Neolítico. Después, la influencia de la civilización egipcia y la llegada de colonizadores fenicios aceleraron el ritmo evolutivo respecto a Europa.

Edad de Piedra en el norte de Ɓfrica

  • El PaleolĆ­tico inferior y medio estĆ”n bien representados desde fechas muy remotas.10 AsĆ­, hay numerosas evidencias del olduvayense y del achelense (mĆ”s en el Magreb que en la zona del Nilo), pudiĆ©ndose aƱadir a las industrias lĆ­ticas diversos tipos de restos humanos (la mandĆ­bula de Ternifine, en Argelia, que podrĆ­a ser atribuida a Homo heidelbergensis o el crĆ”neo de Jebel Irhoud, en Marruecos, de aspecto neandertaloide). Durante este periodo existe similitud entre los grupos norteafricanos y los de Europa occidental.
  • La cultura ateriense parece romper esa tendencia y separa la evolución tĆ©cnico-cultural (especialmente en la zona del SĆ”hara) de la de sus vecinos. Aunque es similar al musteriense (modo tĆ©cnico 3) en algunas de sus tĆ©cnicas lĆ­ticas, tiene sus propias particularidades que lo diferencian de aquel, como serĆ­an la costumbre de elaborar utensilios pedunculados o una cronologĆ­a que no podrĆ­a ubicarse en las fases de la Prehistoria europea (48 000 a. C.-30 000 a. C., aunque haya constancia de su pervivencia durante al menos diez mil aƱos mĆ”s).

CrÔneo tipo Mechta el-Arbi, con avulsión de incisivos.
  • La cultura iberomaurisiense es tambiĆ©n exclusiva del norte de Ɓfrica, especialmente de las costas magrebĆ­es. Su prolongada cronologĆ­a se solapa con el Ateriense y parece abarcar el equivalente a todo el PaleolĆ­tico superior europeo, apreciĆ”ndose en Ć©l una clara evolución. Se trata de un complejo cultural con industria ósea bien desarrollada y una industria lĆ­tica a base de hojas. Con el tiempo tendió a la microlitización, primero laminar y luego geomĆ©trica, atestiguĆ”ndose un temprano empleo de la tĆ©cnica del golpe de microburil. En cuanto a los restos humanos, destacan los de Mechta el-Arbi (Argelia), de tipo cromaƱoide.
  • La cultura capsiense es otro grupo cultural de origen claramente magrebĆ­.11 Sus comienzos se sitĆŗan hacia el 8000 a. C., dentro del EpipaleolĆ­tico local. Destaca por la abundancia de materiales, entre los cuales se encuentran Ćŗtiles laminares y microlĆ­ticos (los hay foliĆ”ceos de bella factura), junto a las caracterĆ­sticas botellas fabricadas en huevos de avestruz y los abundantes concheros. La caza, la recolección y el marisqueo debieron ser las fuentes principales de sustento. Hacia el quinto milenio se convirtieron en semisedentarios, adoptando la ganaderĆ­a (complementada con una agricultura muy rudimentaria) y utilizando la cerĆ”mica. Por todo ello, en esta fase final se habla de un NeolĆ­tico de tradición capsiense.

Principales yacimientos del Iberomaurisiense y del Capsiense en el Magreb.

Figurilla protodinƔstica de Maadi.
  • El NeolĆ­tico de la zona del Nilo es particularmente avanzado, con dos focos principales situados respectivamente en el Delta (MerimdĆ©), y en el alto Egipto (el Badariense).12 Aunque ambas tienen sus propias particularidades y diferencias, comparten ciertos rasgos que permiten sostener que existĆ­an relaciones entre ellas. TenĆ­an grandes asentamientos completamente sedentarios, cuya economĆ­a se basaba en la agricultura y la ganaderĆ­a. Sus cabaƱas, hechas con barro, ramas y caƱas, contienen hogares, silos para el grano e incluso inhumaciones en fosa con ajuar. La cerĆ”mica es variada, mostrando modelos monocromos y otros pintados, y el resto de la cultura material es muy rica: hay cuchillos de sĆ­lex con una talla primorosa (tal vez ceremoniales), paletas de esquisto para la mezcla de pigmentos, productos para la confección de tejidos, puntas de flecha, ornamentos en piedras semipreciosas (a menudo importadas), estatuillas de animales y de personas, y (en la etapa final) piezas de cobre. Estos grupos culturales se inscriben en el llamado periodo predinĆ”stico de Egipto y son considerados como la etapa previa a la entrada de Egipto en la Historia.

El metal y la entrada en la Historia del norte de Ɓfrica

  • El Nilo: La eclosión de la civilización egipcia se inició ya en el IV milenio a. C. con el surgimiento de numerosas ciudades, los primeros jeroglĆ­ficos y la aparición de dos grandes estados (el Alto y el Bajo Egipto) en el periodo llamado ProtodinĆ”stico. Estos estados acabaron siendo unificados por el primer faraón, el rey Narmer, aproximadamente en el 3150 a. C. De este modo, la zona oriental de Ɓfrica entró muy tempranamente en la Historia y, ademĆ”s, se convirtió en un foco de irradiación cultural que no solo afectó al MediterrĆ”neo, sino tambiĆ©n a gran parte del continente africano.

LĆ­bico representado en una tumba egipcia.
  • El Magreb, en cambio es un caso muy diferente.13 Mientras que durante el segundo milenio antes de nuestra era buena parte del MediterrĆ”neo comenzaba a ser recorrido por navegantes a la bĆŗsqueda de materias primas como el cobre y el oro, el Magreb quedaba al margen de este flujo de contactos e intercambios económico-culturales. La etnia bereber, de la que se desconoce su procedencia (aunque los estudiosos creen que su lengua es de orĆ­genes afroasiĆ”ticos), era predominante en la región. La primera noticia de este grupo humano procede de textos egipcios datados en el 2300 a. C., donde se les denomina «tĆ©hmĆ©now»; posteriormente los citaron en el aƱo 1227 a. C. cuando parece que atacaron el Delta, pero esta vez ya se les denominó «libou», es decir, libios. Desde entonces los textos clĆ”sicos se refirieron a los indĆ­genas del Magreb como pueblos lĆ­bicos. Sus restos funerarios se componen de cistas bajo tĆŗmulo, dólmenes (mucho mĆ”s tardĆ­os que los del occidente europeo) y, en los momentos finales, unos pequeƱos hipogeos llamados «haouanets» (por ejemplo, los de Debbabsa, en TĆŗnez).
Desde finales del segundo milenio a.C. se cree que los fenicios frecuentaban las costas del Magreb, fundando las primeras factorĆ­as en torno al 1100 a. C. Ɖstas fueron Útica (cerca de Bizerta) y Oea (en los alrededores de TrĆ­poli), aunque la mĆ”s importante fue, sin duda, Cartago, en el 814 a. C. La influencia ejercida por los cartagineses se plasmó en la aparición, a partir del siglo V a. C., de las primeras monarquĆ­as indĆ­genas en la propia Cirenaica (los colonos griegos hablan del rey Battus, fundador de la dinastĆ­a de los BatĆ­adas), en Ghana y en Numidia (donde uno de sus reyes, Masinisa, se hizo legendario por sus cambios de bando en la Tercera Guerra PĆŗnica). Asimismo, los pĆŗnicos introdujeron tambiĆ©n mejoras agropecuarias, el hierro, el torno de alfarero, la acuƱación de moneda y, finalmente, propiciaron la invención de un tipo propio de escritura: el «alfabeto lĆ­bico» o tifinagh, que, ha sobrevivido hasta la actualidad entre ciertas tribus de tuaregs.

Inscripciones en alfabeto lĆ­bico de la cueva de Tafira (Argelia).

Prehistoria de Oriente Próximo

En nuestro Ômbito se suelen usar indistintamente las expresiones "Oriente Medio" y "Oriente Próximo" para designar a la región del Oriente mÔs próxima a Europa, que es sinónimo de Asia sudoccidental. En cualquier caso, desde el punto de vista histórico, el Oriente Próximo es lo que se denomina una zona nuclear, la cual irradió continuas innovaciones y cambios que influyeron decisivamente en el desarrollo tecnológico y social de toda Eurasia.

Paleolítico en Oriente Próximo

El yacimiento de Mugharet et-Tabun (Israel), ofrece una secuencia casi completa de este periodo: las industrias mƔs antiguas son del achelense final (pertenecientes al modo tƩcnico 2), seguidas de niveles con tƭpicas industrias musterienses (modo 3) y, ya en los superiores, piezas laminares auriƱacienses (modo 4).
  • PaleolĆ­tico inferior: la presencia del ser humano en la zona estĆ” documentada en Dmanisi (Georgia), con la aparición de unos restos denominados Homo georgicus, relacionados con Homo erectus y Homo ergaster. Datados en 1,85-1,6 millones de aƱos de antigüedad, aparecieron acompaƱados de una cultura material muy tosca, de tradición olduvayense (modo 1).
Los primeros bifaces se encontraron en Ubeidiya (Israel), junto a restos humanos muy antiguos. El achelense tĆ­pico de la zona comprenderĆ­a desde hace algo mĆ”s de 800 000 aƱos hasta unos 150 000 aƱos antes del presente (AP).
  • PaleolĆ­tico medio: es muy similar al de toda la cuenca mediterrĆ”nea, ocupada en aquella Ć©poca por el Homo neanderthalensis, aunque los fósiles humanos conocidos en la base de la secuencia temporal poseen rasgos casi idĆ©nticos a los primeros Homo sapiens que aparecen en la MSA africana, con una antigüedad probada de unos 100 000 aƱos. Han sido hallados en los yacimientos de Skhul y Qafzeh. En cambio, los neandertales son, cronológicamente posteriores, datados alrededor de 60 000 aƱos AP en las cuevas de Amud y Kebara. Todo parece indicar que los humanos modernos llegaron a Oriente Medio desde Ɓfrica antes de que los neandertales llegasen desde Europa. QuizĆ”s se encontraron allĆ­ o puede que los primeros ya se hubieran ido. El caso es que ambas especies de homininos compartĆ­an algunos rasgos culturales: utilizaban la misma tecnologĆ­a lĆ­tica, la musteriense, controlaban el fuego y enterraban a sus muertos.14
  • PaleolĆ­tico superior: parecen diferenciarse dos complejos tecnológico/estilĆ­sticos paralelos, ambos con microlitos. Por un lado, estarĆ­a el Ahmariense, que se caracteriza por una tecnologĆ­a laminar formada por piezas de dorso y cuchillos, aunque el fósil director es la punta de base retocada o punta de El-Wad. Por otro, distinguirĆ­amos el AuriƱaciense levantino, procedente de Europa oriental y que se caracteriza por grandes lascas y gruesas hojas que servirĆ­an de soporte para raspadores, buriles y hojas con retoque escamoso; destacarĆ­an ademĆ”s las hojitas de Dufour y la industria ósea.

Mesolítico en Oriente Próximo

Comenzó al finalizar la última glaciación. La caza y la recolección siguieron siendo bÔsicas para la supervivencia humana (se inventaron el arco y las flechas), pero, en algunas regiones, los nómadas se fueron transformando en semisedentarios, la caza se especializó en unas pocas especies, intensificÔndose, y la recolección se convirtió en forrajeo organizado. Así surgieron los grupos mesolíticos mÔs significativos de la región: los natufienses, que vivían en pequeños poblados, asociados a silos, y poseían diversas herramientas para cosechar y elaborar cereales panificables.

Neolítico en Oriente Próximo


El Creciente FƩrtil.
Datado hacia el 8000 a. C. en la región denominada Creciente FĆ©rtil, es decir, Mesopotamia (hoy en dĆ­a Irak), regiones adyacentes de TurquĆ­a e IrĆ”n, asĆ­ como CanaĆ”n (actualmente Siria, Jordania, Israel y Palestina). Es una de las Ć”reas nucleares de la neolitización, considerada la mĆ”s antigua. AllĆ­ se domesticaron algunas de las especies de animales bĆ”sicas para dar lugar a los inicios de la ganaderĆ­a y se comenzaron a cultivar ciertas plantas sin las cuales no entenderĆ­amos la agricultura. AdemĆ”s:
  • Se modificaron algunas herramientas, como las hachas pulimentadas.
  • Se recombinaron elementos conocidos para crear otros nuevos: la cerĆ”mica y los tejidos.
  • Se fundaron los primeros poblados estables (sedentarización).
  • Por primera vez se produjeron alimentos y otros productos en mayor cantidad de la necesaria, creando excedentes.
  • Se produjo un fuerte aumento demogrĆ”fico que hizo que alguna aldea se convirtiera en proto-ciudad: Jericó (Cisjordania).

Edad de los Metales en Oriente Próximo

Aunque en el Próximo Oriente el desarrollo de la metalurgia del bronce coincidió con la aparición de documentos escritos y el nacimiento de las primeras civilizaciones (dejando sin sentido que tratemos la Edad de los Metales como una etapa prehistórica global), la fase calcolítica sigue siendo todavía prehistórica.

Edad del Cobre en Oriente Próximo


Estatua de Kurlil, procedente de las inmediaciones del templo de Ninhursag en El Obeid (dinastĆ­as arcaicas)
El CalcolĆ­tico o EneolĆ­tico es la Edad del Cobre (en griego cobre se dice Ī§Ī±Ī»ĪŗĻŒĻ‚ = «khalkós»). El cobre comenzó a ser utilizado durante el NeolĆ­tico en forma de objetos martillados a partir de pepitas de metal nativo. Las primeras evidencias corresponden a la cueva de Shanidar (montes Zagros, Irak), donde se hallaron colgantes hechos con cuentas de cobre en niveles correspondientes al 9500 a. C., o sea, del NeolĆ­tico inicial.15 Empezó a ser fundido en el sur de Anatolia y el KurdistĆ”n durante el VI milenio a. C. para realizar punzones, agujas y adornos, mientras se seguĆ­an utilizando las mismas herramientas lĆ­ticas (o de otros materiales) del NeolĆ­tico, ya que los artefactos metĆ”licos eran menos eficaces que los de sĆ­lex u obsidiana.
En Mesopotamia la metalurgia del cobre (y del plomo) aparece en los complejos culturales de Samarra (Irak) y Tell-Halaf (Siria), hacia mediados del VI milenio a. C. En ambos se habĆ­a empezado a practicar la agricultura de regadĆ­o y se elaboraron cerĆ”micas hechas a mano de alta calidad. Los grupos halafienses construyeron santuarios, realizaron pequeƱas esculturas y utilizaban sellos. En el sur mesopotĆ”mico destacan el yacimiento de Eridu, donde se construyó un templo de pequeƱo tamaƱo, y El Obeid, que nos ha legado cerĆ”mica hecha a torno, armas y adornos de metal, asĆ­ como templos monumentales que anticipaban los posteriores zigurat.
Desde el 5000 a. C. en Ugarit (Siria) y desde el 4500 a. C. en Palestina y Biblos (LĆ­bano) comenzaron a manufacturarse pequeƱas cantidades de objetos metĆ”licos que en el caso de Biblos no solo fueron de cobre sino tambiĆ©n de oro y plata.
A pesar de que los fósiles directores de esta fase son los objetos de cobre fundido, la metalurgia no es la principal innovación asociada con este período. Complejos procesos como la intensificación de la producción, la especialización artesanal o la estratificación social provocaron una serie de fenómenos que desembocaron en la aparición de las primeras sociedades complejas o preestatales, que se transformaron durante el Bronce antiguo en estados.

Prehistoria de Asia

Paleolƭtico asiƔtico


CrƔneo del denominado "Hombre de Pekƭn", un Homo erectus
  • PaleolĆ­tico inferior: el primer humano documentado en Asia (exceptuando Oriente Próximo, visto mĆ”s arriba) es el Homo erectus, hallado en China occidental y Java (Indonesia), con unas antigüedades respectivas de 1,7 y 1,3 millones de aƱos AP. Tradicionalmente se ha creĆ­do que mĆ”s allĆ” de la actual India sólo habĆ­an artefactos lĆ­ticos pertenecientes al modo tĆ©cnico 1, pero recientemente se han descubierto bifaces (modo tĆ©cnico 2) en Mongolia, Vietnam y una región china limĆ­trofe con este Ćŗltimo paĆ­s. Zhoukoudian, cerca de PekĆ­n, es uno de los yacimientos clĆ”sicos, donde se han encontrado abundantes restos de homininos, fauna, flora, industria lĆ­tica y de uso del fuego.16
  • PaleolĆ­tico medio: en India, China y el Sudeste asiĆ”tico se desarrollaron tambiĆ©n tecnologĆ­as lĆ­ticas de lascas obtenidas mediante el mĆ©todo Levallois (modo tĆ©cnico 3), aunque no serĆ­an propiamente musterienses y siguieron siendo utilizados abundantemente los cantos tallados.17
  • PaleolĆ­tico superior: Homo sapiens desplazó al H. erectus en todo el continente. Hay industrias lĆ­ticas laminares, lascas y raspadores en el macizo de AltĆ”i (a partir del 43 000 AP), China, India, PakistĆ”n, Sri Lanka (desde el 33 000 AP), Tailandia, Borneo (con pinturas rupestres), Corea y Japón (poblado a partir del 25 000-20 000 AP).18

Mesolƭtico asiƔtico

Al este del Oriente Próximo los grupos epipaleolíticos/mesolíticos son poco conocidos, aunque se han encontrado industrias microlíticas en India (MadrÔs y Guyarat), en Tailandia, Indonesia, China, Manchuria, Mongolia, Corea y Japón. Corresponden a grupos que practicaban la recolección, la caza, la pesca y el marisqueo.19

Neolƭtico asiƔtico

Tanto el Subcontinente indio como Asia Oriental y el Sudeste asiÔtico son considerados por la mayoría de los investigadores como Ôreas nucleares en la neolitización.
  • Subcontinente indio: a principios del VII milenio a. C. comenzaron a formarse aldeas estables de carĆ”cter agropecuario en el alto Indo, que, posteriormente, se extendieron hacia el sur. Durante el VI milenio a. C. ocurrió algo similar en el alto Ganges.
  • Asia oriental: a finales del VII milenio a. C. se desarrolló un nĆŗcleo neolĆ­tico autóctono en el Amarillo alto, donde se cultivaba mijo y se domesticaron el cerdo y el perro, mientras en la China meridional se comenzó a cultivar el arroz.
  • Sudeste asiĆ”tico: en el VI milenio a. C. en el norte de Tailandia se domesticaron los guisantes y las habas.20

Figurilla femenina correspondiente a la cultura del valle del Indo (hacia 2500-1900 a. C.)

Edad de los Metales asiƔtica

La metalurgia del cobre estĆ” presente en la cultura urbana del valle del Indo (o de Harappa), que se desarrolló independientemente de las civilizaciones del Creciente FĆ©rtil entre 2700-1700 a. C. Harappa o Mohenjo-Daro fueron autĆ©nticas ciudades con casas de adobe y ladrillo estandarizados, urbanismo reticular formando barrios, con murallas y centros ceremoniales. El cobre sirvió inicialmente para producir bienes de prestigio y despuĆ©s para fabricar herramientas y armas.21
En los valles de los rĆ­os chinos Amarillo y YangtsĆ© se ha documentado la metalurgia del cobre desde mediados del IV milenio a. C. pero no estĆ” claro si es autóctona o importada de otras regiones asiĆ”ticas. En los grupos calcolĆ­ticos de Longshan se aprecian las primeras formas protoestatales, que dieron lugar a la cultura de Erlitou, muy relacionada con la primera dinastĆ­a conocida, la Xia y con la generalización del uso del bronce. En Vietnam y Tailandia el cobre fundido se fecha durante el III milenio a. C., pero su conocimiento es de clara influencia india y china. El bronce aparece en Siam a principios del II milenio a. C.; posteriormente, en Vietnam se elaborarĆ”n los sofisticados tambores de bronce Dong Son.22

Prehistoria de Europa


Excavación del yacimiento de Gran Dolina en Atapuerca. En el nivel TD-10, que se observa donde se encuentra el mayor grupo de excavadores, aparecieron herramientas del Paleolítico medio. El nivel inferior, situado debajo de los andamios, es TD-6, donde se han encontrado herramientas del Paleolítico inferior.
Durante toda su Prehistoria el continente europeo fue tributario de las tradiciones culturales de África y Oriente Próximo. Si exceptuamos la cultura musteriense y quizÔ la auriñaciense, así como el desarrollo del arte paleolítico, el megalitismo, el vaso campaniforme o la cerÔmica cordada, buena parte de la evolución registrada durante esta fase es el resultado de importaciones forÔneas. Solo el desarrollo de la cultura clÔsica grecorromana (ya histórica) puso a Europa a la altura de las grandes civilizaciones de otros continentes.23

Edad de Piedra europea

La Edad de Piedra europea sigue dividiéndose en tres etapas, siguiendo las propuestas de John Lubbock, que en 1865 separó el Paleolítico y el Neolítico. A éstas se unió posteriormente el Mesolítico/Epipaleolítico, gracias al descubrimiento del tardenoisiense por Gabriel de Mortillet, realizado entre 1885 y 1897.24 La definición de las tres Edades de la Piedra fue precisada y enriquecida por las propuestas de Henri Breuil en 1932. Desde entonces, aunque se hayan revisado las referencias y muchos conceptos erróneos, esta división apenas ha sufrido alteraciones relevantes.

El NeolĆ­tico en Europa
  • El NeolĆ­tico llegó a Europa en el sexto milenio a.C., procedente del Oriente próximo y a travĆ©s de la PenĆ­nsula balcĆ”nica y la cuenca MediterrĆ”nea, aunque hay constancia ya en el VII milenio a. C. de cronoculturas protoneolĆ­ticas en los Balcanes: se trata de pueblos acerĆ”micos, con una agricultura rudimentaria e itinerante, con ganaderĆ­a y numerosas pervivencias mesolĆ­ticas (caza, pesca y recolección, hĆ”bitats en cuevas, sin hachas pulimentadas, etc.). Aunque los primeros poblados sedentarios son muy pequeƱos, pronto se desarrollaron yacimientos como Sesklo o Nea Nikomedia, ambos sobre elevaciones del terreno, con murallas y bastiones y, en su interior, construcciones rectangulares con un vestĆ­bulo de acceso, en las cuales se han hallado cerĆ”micas pintadas y figurillas femeninas.
En el MediterrÔneo occidental se cree que hubo una fase precerÔmica fundamentalmente ganadera y relacionada con hÔbitats en cueva, previa a la aparición de unos grupos de carÔcter agrícola y ganadero identificados tradicionalmente por un elemento característico, la cerÔmica cardial. Estas típicas cerÔmicas decoradas con impresiones de conchas de berberecho (Cardiidae) aparecen tanto en la orilla africana como en la europea del MediterrÔneo, desde Dalmacia a la Península ibérica (verde claro en el mapa).
La neolitización penetró hacia el centro de Europa durante el quinto milenio a.C. y a través del Danubio; su fósil director es la llamada cerÔmica de bandas (pardo claro en el mapa), cuya influencia se extendió desde lo que hoy es Hungría hasta los actuales Países Bajos. La cerÔmica de bandas estÔ decorada en frisos superpuestos con motivos diversos, destacando los meandros, las volutas y las formas angulosas. Los grupos que la utilizaban habitaban en poblados fortificados, algunos de gran tamaño (hasta 40 hectÔreas).
Hacia el 4000 a. C. casi toda Europa estaba neolitizada. Por esas fechas empezaron a aparecer en varias regiones atlĆ”nticas (desde Portugal a Dinamarca) y de manera mĆ”s o menos simultĆ”nea, unas estructuras colosales de carĆ”cter mayoritariamente funerario (pero no Ćŗnicamente), englobadas en un fenómeno denominado megalitismo. Este nuevo fenómeno cultural sobrepasó el Ć”mbito neolĆ­tico, perdurando durante el CalcolĆ­tico y la Edad del Bronce, hasta el 1500 a. C.. Hacia los momentos finales se llegaron a construir algunos de los monumentos mĆ”s impresionantes (como las Ćŗltimas fases de Stonehenge).
Los monumentos megalíticos han sido interpretados como centros simbólicos y/o rituales de las poblaciones de su entorno, de las cuales se conocen muy pocos datos: algunas cabañas dispersas de madera o piedra, acumulaciones de sílex, fosas y hogares, son las evidencias halladas. La excepción la constituye el interesante poblado de Skara Brae, en las islas Orcadas (Escocia). También se han encontrado en el norte y noroeste de Europa ciertos recintos delimitados por fosos sucesivos, terraplenes y empalizadas, denominados campos atrincherados, que funcionarían, posiblemente, como espacios rituales complementarios de los megalitos.26

Menhir de
Saint-Macaire (Francia).

El dolmen de Axeitos, en Galicia.

Alineamiento de menhires en Carnac, Francia.
Los monumentos megalĆ­ticos son construcciones formadas por grandes piedras de hasta varias toneladas de peso. Se podrĆ­an diferenciar cinco clases de monumentos:
  • Menhir: es una gran piedra puesta de pie que marcarĆ­a un lugar sagrado.
  • Alineamiento: es un conjunto de menhires puestos en fila.
  • Crómlech: es un conjunto de menhires puestos en cĆ­rculo. Se supone que el alineamiento y el crómlech eran una especie de templos al aire libre
  • Dolmen: Es un monumento complejo donde se enterraba a los miembros de la comunidad. Constaba de un corredor o pasillo de entrada y de una cĆ”mara funeraria, ambos construidos con grandes lajas de piedra. Todo ello cubierto por un montĆ­culo de tierra y cascotes denominado tĆŗmulo. Todos los difuntos eran depositados en la misma cĆ”mara funeraria, ya que se trataba de un lugar de enterramiento colectivo. Junto a los cadĆ”veres se colocaban ofrendas funerarias, como armas, comida y joyas, entre otros elementos.
  • Trilito: Dos piedras paralelas y verticales, no muy separadas entre si y una horizontal puesta sobre ella.

Edad de los Metales en Europa

CalcolĆ­tico europeo

Hasta los aƱos 70 del siglo XX los modelos difusionistas establecĆ­an que la metalurgia llegó a Europa a travĆ©s del CĆ”ucaso y Anatolia en el cuarto milenio a. C.. Pero las dataciones de carbono-14 demostraron que la balcĆ”nica era casi un milenio mĆ”s antigua que la de sus supuestos inspiradores y, asĆ­, investigaciones posteriores establecieron que, hacia el 4000 a. C., en la PenĆ­nsula balcĆ”nica habĆ­a surgido de manera autóctona una industria minero-metalĆŗrgica del cobre asociada a una rica orfebrerĆ­a, en un entorno social que algunos autores han llegado a denominar la primera civilización europea. Situados entre el Danubio y Tesalia, los focos principales fueron VinƧa, Gumelnitsa, Salcuta, Cucuteni y Tiszapolgar, contemporĆ”neos de los complejos neolĆ­ticos griegos. Los grupos balcĆ”nicos se extendieron por la actual Serbia, Bulgaria, Rumania, Besarabia, Moldavia, Ucrania y el resto de la cuenca de los CĆ”rpatos.27
Un segundo foco metalĆŗrgico autóctono se sitĆŗa al sur de la PenĆ­nsula ibĆ©rica, en Los Millares (AlmerĆ­a, EspaƱa) y Vila Nova (Portugal), desarrollĆ”ndose a partir de finales del cuarto milenio a. C. y a lo largo de todo el tercero. Ambos grupos mantuvieron las tradiciones megalĆ­ticas funerarias, aunque su estructura social fue, sin duda, mucho mĆ”s compleja que durante el NeolĆ­tico final: los dólmenes almerienses pasaron a ser sepulcros de corredor con cĆ”mara de falsa cĆŗpula, es decir, autĆ©nticos tholoi, y aparecieron impresionantes estructuras defensivas en las dos zonas. TambiĆ©n aquĆ­, las tesis difusionistas relacionaban el aumento de la complejidad social y tecnológica peninsular con la llegada de unos mĆ­ticos colonizadores orientales. Y, al igual que en los Balcanes, las dataciones de Carbono 14 establecieron que los materiales occidentales son mucho mĆ”s antiguos que aquellos. AdemĆ”s, los Ć­dolos oculados, la cerĆ”mica acanalada o pintada y las coladas de cobre peninsulares tienen caracterĆ­sticas propias, diferentes de los supuestos modelos orientales. El modelo difusionista ha tenido que ser abandonado y su lugar ha sido ocupado por otro, evolucionista y local.28 29
TambiĆ©n a finales del cuarto milenio a. C. comenzó a producirse un aumento de la complejidad social en el Ć”mbito del mar Egeo. Aunque los cambios que se produjeron tienen un claro carĆ”cter interno,30 no es menos innegable el importante papel que jugaron las redes de intercambio que conectaban el Egeo con Anatolia y Egipto.31 Estas transformaciones socio-económicas constituyen la base de las posteriores culturas clĆ”sicas:

Expansión del Vaso Campaniforme.

III milenio a. C.:
Hallazgos campaniformes centroeuropeos.

Vaso campaniforme ibérico (Tipo Ciempozuelos) del 2º milenio
La introducción del cobre en el resto de Europa estÔ asociada a la extensión de dos grandes fenómenos, claramente diferenciados pero contemporÔneos y, que a veces, se solapan entre sí: el vaso campaniforme y la cerÔmica cordada.
El complejo del vaso campaniforme fue un fenómeno que afectó a prÔcticamente toda la Europa prehistórica (salvo las zonas el este y los Balcanes), pero de un modo desigual y manteniendo una gran diversidad. Supuso la expansión de la metalurgia del cobre a las Ôreas marginales que no conocían todavía este metal. El objeto mÔs característico de este horizonte son los vasos de cerÔmica de forma acampanada, con decoración incisa o impresa cuyos motivos varían en función de las peculiaridades regionales.
La cronologĆ­a del vaso campaniforme y su interpretación son controvertidas, habiĆ©ndose generado al respecto (y haciĆ©ndolo todavĆ­a) abundante literatura. Los Ćŗltimos datos proporcionados por la revisión sistemĆ”tica de las dataciones de Carbono-14 en campaniformes de toda Europa han permitido establecer que los mĆ”s antiguos serĆ­an los encontrados en el Ć”rea del Bajo Tajo, en Portugal, con una cronologĆ­a que irĆ­a del 2900 al 2500 a. C.32 SegĆŗn otros autores, su aparición se situarĆ­a, en cambio, sobre el 2400 a. C., desapareciendo hacia el 1800 a. C.33
Las tumbas asociadas al horizonte campaniforme consisten en fosas individuales en las que se depositaba el cadÔver en posición contraída con un ajuar que suele constar de la típica cerÔmica campaniforme y otros objetos no menos característicos: puñales de lengüeta y leznas biapuntadas, brazaletes de arquero, puntas de flecha tipo Palmela, adornos en oro de diversa entidad (diademas, pendientes) y botones de hueso perforados en V; siempre en contextos funerarios masculinos.34
Los grupos de la cerĆ”mica cordada eran originarios, segĆŗn unos, de las estepas euroasiĆ”ticas y, segĆŗn otros, de Centroeuropa. EstĆ”n relacionados con las lenguas indoeuropeas y se extendieron por toda la Europa central, nórdica y oriental durante el tercer milenio a. C.. Son tambiĆ©n conocidos como Kurganes de las estepas, del hacha de combate o de los sepulcros individuales. Sus caracterĆ­sticas principales serĆ­an:
  • Los enterramientos individuales, en una pequeƱa cĆ”mara funeraria semisubterrĆ”nea en forma de cabaƱa de madera cubierta por un tĆŗmulo (kurgan). El cadĆ”ver era colocado en posición de decĆŗbito supino, con las piernas dobladas y rociado con ocre rojo.
  • El ajuar caracterĆ­stico suele incluir las denominadas cerĆ”micas cordadas (decoradas con impresiones de cuerdas), las hachas-martillo con enmangue directo (o hachas de combate, que parecen rĆ©plicas en piedra de piezas metĆ”licas sumerias o anatolias), ganado sacrificado y, si el individuo era de alta posición social, piezas exóticas de clara influencia oriental (vasos y apliques de plata, adornos repujados de oro y algunos objetos de cobre, entre otros). Las grandes diferencias entre unos ajuares y otros denotan la existencia de una clara estratificación social
  • Una economĆ­a seminómada y pastoril, propia de las estepas, que, a pesar de todo, nos ha legado algunos poblados, como el ucraniano de Mikailovska, en el bajo DniĆ©per, de cierta entidad urbana y con casas rectangulares.

Edad del Bronce en Europa

El bronce es una aleación de cobre y estaƱo que tiene las ventajas de que se funde a una temperatura mĆ”s baja y es mucho mĆ”s resistente. Fue conseguido en el Oriente próximo a finales del IV milenio a. C. y penetró en Europa a travĆ©s de una extensa red de vĆ­as comerciales que recorrĆ­an todo el continente, comunicando la penĆ­nsula ibĆ©rica o el mar del Norte con las civilizaciones orientales, ya plenamente históricas.
Bronce Antiguo en Europa
Entre los aƱos 1800 a. C. y 1500 a. C., aproximadamente, coincidiendo con la plenitud del mundo minoico, Europa comenzó a participar en las redes comerciales creadas por la demanda de materias primas por parte de las civilizaciones del Próximo Oriente y del Egeo. El Ć”mbar del BĆ”ltico, el cobre del bajo Danubio y Huelva, el estaƱo de Cornualles y Galicia, el oro de Irlanda, los metales preciosos de AndalucĆ­a y el azabache de Gran BretaƱa, eran intercambiados por armas y herramientas de bronce, ornamentos de oro y plata, o perlas egipcias de fayenza azul. Entre las culturas arqueológicas de este periodo destacarĆ­an la de Unetice, la de los tĆŗmulos armoricanos y la de Wessex. En las islas britĆ”nicas, durante esta Ć©poca, siguieron teniendo gran importancia los santuarios megalĆ­ticos denominados «henges», centros cultuales como el mismo Stonehenge.

Hachas planas de bronce
La mayor parte de los restos de esta Ć©poca son monumentos funerarios de tipo tumular pertenecientes, a juzgar por la alta proporción de armas y la gran riqueza de algunos, a las oligarquĆ­as guerreras locales, que debĆ­an conocer el carro de combate y vivĆ­an en poblados fortificados. Los ajuares se componĆ­an, fundamentalmente, de los caracterĆ­sticos puƱales triangulares de pomo macizo, las hachas planas y las hachas-maza de combate de bronce; tambiĆ©n aparecen ornamentos metĆ”licos como los brazaletes, las lĆŗnulas o pectorales, jarras de oro o plata repujados, Ć”mbar y perlas de fayenza egipcias. Algunos tĆŗmulos llegan a ser tan ricos que han motivado su denominación como «tumbas reales»: las de Leki Male (Polonia) y Leubingen (Austria), de los grupos de Unetice; la de Kernonen (Francia), de los TĆŗmulos armoricanos; o la de Bush Narrow (Inglaterra), perteneciente a Wessex. En ciertas zonas del norte de Italia, los terrenos pantanosos han preservado multitud de objetos de cuero, piraguas de madera, arcos de gran tamaƱo, ruedas de carro y arreos en hueso.
En la penĆ­nsula IbĆ©rica y a partir del 2300 a. C., comenzó a despuntar la denominada cultura argĆ”rica en, aproximadamente, la misma Ć”rea donde se habĆ­a desarrollado la de Los Millares, aunque, en esos momentos, todavĆ­a con una pequeƱa zona de influencia y numerosas pervivencias calcolĆ­ticas. Es una etapa temprana, llamada tradicionalmente «Fase A» en la que destacan los enterramientos en cista con un ajuar que ha querido ser relacionado con influencias del MediterrĆ”neo oriental, pero que ha terminado revelĆ”ndose como autóctono.

Enterramiento en cista tĆ­pico de la primera fase de la cultura de El Argar (AlmerĆ­a).
Bronce Medio en Europa

Armas típicas del Bronce Medio de la Cultura de los Túmulos: espada de lengüeta, punta de lanza tubular y hacha de talón.
El Bronce Medio transcurrió, mĆ”s o menos, entre el 1500 a. C. y el 1200 a. C., lo que significa que coincide con el apogeo de la civilización micĆ©nica. Destaca en Centroeuropa la cultura de los TĆŗmulos, un complejo que derivó de Unetice, con poblados no muy grandes, de viviendas de madera, edificados sobre colinas de fĆ”cil defensa y protegidos por murallas y fosos. Los enterramientos eran tumulares (de ahĆ­ su denominación), con tĆŗmulos mĆ”s monumentales que en la etapa anterior, a menudo se agrupaban en grandes necrópolis y la incineración fue cada vez mĆ”s habitual. En el Ć”rea de la penĆ­nsula itĆ”lica se desarrollaron la cultura de las Terramaras y la cultura ApenĆ­nica, ambas de fuerte influencia balcĆ”nica, asĆ­ como la cultura SĆ­cula, mĆ”s cercana al mundo micĆ©nico, que ya habĆ­a colonizado las Islas Eolias en esa fase.
Una de las novedades mÔs notables respecto al Bronce antiguo es la aparición de auténticas espadas con largas hojas y sistemas de enmangue mÔs efectivos que los remaches: empuñaduras de lengüeta cuyos mangos son, a veces, ricamente decorados con materiales perecederos (cuero, hueso y maderas de diversos tonos, que, pueden tener incrustaciones de oro y Ômbar) que, afortunadamente, se han conservado en algunos ejemplares de la zona nórdica. Asimismo aparecen puntas de lanza tubulares y hachas de talón.
En lo referente a los adornos metÔlicos, su variedad es innumerable: brazaletes espiraliformes, tobilleras, colgantes, alfileres, anillos, pendientes, pasadores, broches, etc. Mención especial merecen los torques retorcidos irlandeses, que desde su región originaria, se difundieron por toda Europa, recibiendo el nombre de Torques de Tara en honor a este santuario gaélico, la Colina de Tara. Una obra excepcional, que supera el calificativo de mero ornamento, es el carro solar de Trundholm (arrojado como ofrenda al fondo de un pantano en Dinamarca).

Torques de Tara.

En la península ibérica la cultura del Argar alcanzó en esos momentos su fase de plenitud, desarrollÔndose en el Ôrido sudeste (Almería y provincias limítrofes).35 El número de asentamientos localizados revela un fuerte aumento demogrÔfico respecto a la etapa millarense. Eran poblados fuertemente protegidos, construidos en sitios altos fÔcilmente defendibles, con gruesas murallas y Ôreas restringidas tipo acrópolis. Los enterramientos eran individuales y dentro de las viviendas; mientras que en la fase anterior se realizaban en cistas, en ésta pasaron a ser en grandes tinajas o pithoi, con ajuares muy diversos que delatan una compleja estratificación social. Tal estratificación se refleja también en la organización interna de los poblados y en la jerarquía urbana. Aunque El Argar no llegó nunca a formar un auténtico estado, debió generar alguna forma política de carÔcter pre-estatal. Las formas cerÔmicas argÔricas son muy diferentes de las del resto de Europa occidental con vasos carenados y altas copas sin decoración. El resto del ajuar lo componen brazaletes, cuentas de Ômbar, espadas (también diferentes, pues mantienen el sistema de mango macizo sujeto con remaches), alabardas, brazaletes, ornamentos de Ômbar, alfileres y unas inconfundibles diademas de plata.
Aunque el mundo argĆ”rico se circunscribió a las provincias de AlmerĆ­a y Murcia, asĆ­ como parte de las de MĆ”laga y Granada, toda la mitad sur de la penĆ­nsula IbĆ©rica se vio afectada por su influencia, muy clara en la cultura de Atalaia (sur de Portugal) y en la cultura de las Motillas (La Mancha). A medida que nos desplazamos hacia el norte, la influencia argĆ”rica se hace mĆ”s difusa, aunque se ha constatado que hubo relaciones comerciales con las regiones septentrionales. En la zona galaico-portuguesa parece que hubo unos grupos muy relacionados con el mundo atlĆ”ntico, como lo demuestran sus manifestaciones artĆ­sticas (los petroglifos) o los atesoramientos (como el tesoro de Caldas de Reyes, Pontevedra,36 con mĆ”s de 25 kg de objetos metĆ”licos fabricados con oro aluvial de la penĆ­nsula pero con paralelos bretones e irlandeses,37 y que estĆ” considerado la mayor acumulación de oro de la Prehistoria europea).38 En la Meseta hay una serie de yacimientos (Los Tolmos de Caracena en Soria, Cogeces del Monte en Valladolid, Abia de la ObispalĆ­a en Cuenca, y otros mĆ”s) que permiten hablar de un horizonte denominado Protocogotas (o tambiĆ©n Cogeces) que acusa, indistintamente, la influencia argĆ”rica y atlĆ”ntica, sobre un sustrato epicampaniforme.
Bronce final en Europa

Armas propias de la cultura de los campos de urnas.
  • El Bronce final (aproximadamente 1250 a. C.-725 a. C.) viene determinado por la aparición y expansión de los campos de urnas por casi todo el continente. El cambio en el proceso funerario no se produjo de repente ni fue uniforme, detectĆ”ndose los primeros indicios de transición en Alta Baviera (Alemania) poco antes del 1200 a. C.39 Este cambio ha sido relacionada a lo largo del tiempo con pueblos de invasores indoeuropeos, a los que algunos arqueólogos incluso les han adjudicado la autorĆ­a de todas las convulsiones que se produjeron contemporĆ”neamente en el MediterrĆ”neo oriental (caĆ­da de Micenas, de los Hititas, ataques de los pueblos del mar a Egipto, destrucción de Ugarit, etc.). Actualmente pocos investigadores sostienen que los grupos de los campos de urnas fueran un ente cultural homogĆ©neo; la opinión generalizada es que se trató simplemente de una moda que se expandió por Europa debido a prĆ©stamos culturales o, en ciertos casos, a movimientos limitados de pueblos. De hecho, en algunas regiones el cambio en el comportamiento funerario fue el Ćŗnico que se produjo, detectĆ”ndose una clara continuidad con las estrategias económicas y sociales anteriores.40 El hecho de que el germen de esta nueva moda ocupe el mismo espacio geogrĆ”fico que la cultura de los tĆŗmulos (del Bronce Medio) y que la de Unetice (del Bronce Inicial), parece confirmar que realmente existe continuidad cultural. Por otro lado, el territorio ocupado por los campos de urnas no es unitario, al estar formado por un conglomerado de culturas locales con particularidades regionales especĆ­ficas. Algunas Ć”reas europeas (sur de la penĆ­nsula IbĆ©rica, litoral atlĆ”ntico y Escandinavia) quedaron al margen.

Tumba de la cultura de los campos de urnas.
El rito funerario de la cremación, aunque minoritario, ya era practicado en Europa y en esta fase se generalizó: tras su incineración, las cenizas del cadĆ”ver eran depositadas en una urna cineraria y enterrada en un pequeƱo foso, junto a otras tumbas, constituyendo asĆ­, las extensas necrópolis que dan nombre a estos grupos. Estas urnas solĆ­an ser vasos de cerĆ”mica de forma bicónica, tapados con un cuenco, aunque podĆ­an tener formas diversas (a veces, incluso rĆ©plicas en miniatura de casitas de cerĆ”mica). En ocasiones, no se usaba urna. Los ajuares eran pobres en comparación con periodos anteriores y posteriores; solo en los siglos IX y VIII a. C. reaparecieron las tumbas principescas con ricos ajuares y complejas estructuras que las distinguĆ­an de las demĆ”s.
Los poblados son muy similares a los del Bronce medio, pero con defensas reforzadas con terraplenes, empalizadas y recintos amurallados de tapial y madera; ademÔs las puertas adquirieron forma de embudo y se protegían con torreones. En el interior, casas rectangulares de adobe con tejados de madera y paja. Suele haber numerosos silos y molinos de vaivén, evidenciando la importancia creciente de la agricultura frente al pastoreo, aunque éste sigue siendo fundamental, a juzgar por la abundancia de restos de ganado bovino, ovino, porcino y equino. Se siguió comerciando con el Ômbar y la sal.
La cultura material incluye los primeros objetos de vidrio, seguramente incorporados del Próximo Oriente, y los grandes recipientes de bronce batido o repujado, con formas muy diversas y alejadas de los estereotipos orientales; entre ellos se encuentran las sĆ­tulas (que tanto predicamento tuvieron en la posterior Edad del Hierro), a veces con una ornamentación muy sofisticada y que se convirtieron en objetos de intercambio muy apreciados, cuya función era sin duda ceremonial. Otros elementos ornamentales comunes fueron los torques, los brazaletes de costilla, y las fĆ­bulas, de diversos modelos, como las llamadas «de anteojos» (por el gran tamaƱo de su doble espiral). Entre las armas, hay una enorme variedad: las puntas de flecha de sĆ­lex fueron definitivamente sustituidas por otras de bronce; se siguieron utilizando hachas de combate, con talón y anillas, alabardas, lanzas; aparecieron armas defensivas como las corazas, los escudos y los cascos. Los modelos mĆ”s representativos de espada fueron las de puƱo macizo con la guarda en U, bien con un gran pomo discoide o bien rematadas en antenas. La hoja solĆ­a ser biselada, a veces con rica decoración, y con silueta pistiliforme.

Piezas de bronce recuperadas de un escondrijo en el sur de Inglaterra.
  • El Bronce final atlĆ”ntico es poco conocido: se da la paradoja de que apenas se han excavado asentamientos o necrópolis, y, en cambio, abundan los llamados escondrijos (o zulos de objetos de bronce destinados al refundido) donde se han localizado piezas de una factura casi perfecta. Los objetos mĆ”s apreciados debieron ser las espadas, al principio pistiliformes y al final con hoja en lengua de carpa. En el sur de las islas BritĆ”nicas se han descubierto varios poblados y, entre ellos, destaca el de Itford Hill (Inglaterra), situado en un emplazamiento elevado, con varias empalizadas defensivas que protegĆ­an una serie desordenada de viviendas de madera y barro, de planta circular. Las necrópolis evidencian la adopción de la cremación, con las cenizas depositadas en urnas cinerarias o directamente en el suelo de pequeƱos fosos bajo tĆŗmulo.
En las regiones escandinavas también se adoptó la incineración como ritual funerario y apareció una industria metalúrgica mÔs diversa y original que en la zona atlÔntica. A la gran variedad de armas, hay que añadir los objetos de tocador (navajas de afeitar, pinzas, alfileres), los vasos de bronce batido con ruedas (seguramente votivos o ceremoniales, como el de Skallerup), los conos de oro repujado que se exportaron por toda Europa (tal es el caso del de Aventon, aparecido en Francia, pero elaborado en talleres escandinavos), las trompas de chapa de bronce y las fíbulas, casi siempre de anteojos. Los poblados encontrados son mucho mÔs abundantes que en el AtlÔntico y estaban protegidos por defensas naturales y/o artificiales. De esta época son la mayoría de los petroglifos de los roquedos de Noruega y Suecia, en las regiones de Escania y Upsala, destacando la zona de Tanum (declarada Patrimonio de la Humanidad).
  • El mosaico cultural de la penĆ­nsula IbĆ©rica fue fruto de la convergencia de diversas tradiciones:

En el nordeste de la Península penetró la moda de los campos de urnas, que, con el tiempo, siguió una evolución independiente, abarcando Cataluña y el bajo Aragón. Se conocen mejor las necrópolis que los poblados, destacando el de La Pedrera de Vallfogona (Balaguer, Lérida).
En el noroeste se da una evolución similar a la de Bretaña y las islas BritÔnicas, al menos en lo que se refiere a los elementos materiales de la cultura. Hay una clara escasez de lugares de hÔbitat y abundancia de objetos de bronce: hachas de talón y anillas, calderos de chapa de tradición irlandesa, recipientes de oro batido con motivos típicamente escandinavos. Las espadas eran pistiliformes al principio y de lengua de carpa al final.
En el sur se produjo un cierto estancamiento respecto al periodo argƔrico. Destacan la cerƔmica de retƭcula bruƱida (con barniz rojo, bruƱida y decorada por dentro con motivos reticulados) y los enterramientos en cista, sin ajuar, cubiertos con lajas decoradas denominadas estelas extremeƱas (en ellas se representa esquemƔticamente al difunto con diversos objetos como armas, broches, espejos e incluso carros). El Ɣmbito ocupado por ambos elementos coincide a grandes rasgos con lo que luego serƔ el territorio de Tartessos.

Estela del Castro de Solana de CabaƱas, en LogrosƔn (CƔceres)
En las tierras del interior peninsular destacan los grupos denominados de Cogotas I. Su extensión sobrepasa los límites de la Meseta Central, abarcando también el oeste del CantÔbrico, parte de Aragón, de la comunidad Valenciana y el curso medio del río Guadalquivir. Su indigenismo parece probado, pues enlaza sin solución de continuidad con la fase del Bronce medio denominada Protocogotas y, a través de ésta, con los horizontes epicampaniformes e, incluso, con el campaniforme tipo Ciempozuelos. Su característica mÔs distintiva es el tipo de decoración de su cerÔmica: se trata de vasos troncocónicos o carenados con motivos de espina de pescado incisos o figuras abstractas realizadas por las técnicas excisa y de boquique, rellenos de pasta blanca. Las gentes de Cogotas I habitaban pequeños poblados fortificados con viviendas cuadrangulares de adobe, así como cuevas. Los yacimientos mÔs abundantes de esta fase cultural son los campos de hoyos, rellenos de desechos arqueológicos cuya función no ha podido ser explicada. Los enterramientos seguían la tradición campaniforme, es decir, inhumaciones en foso, con un pequeño ajuar, como es el caso de San RomÔn de Hornija (Valladolid).41
En las Baleares, y sobre todo en Mallorca y Menorca, se desarrolló la primera fase de la cultura talayótica (que alcanzó su plenitud durante la Edad del Hierro), caracterizada por la arquitectura ciclópea en una serie de edificios como los talayotes (o torres), las taulas y las navetas. Este fenómeno se ha relacionado con la cultura nurÔgica de Cerdeña. Se conocen poblados amurallados (como el de Ses Paisses) que albergan talayotes, barrios de viviendas de mampostería e inhumaciones bajo el piso; hay también construcciones cultuales escalonadas (tal vez templos) e, incluso, acrópolis amuralladas en lugares de difícil acceso.

Edad del Hierro en Europa

Se llama Edad del Hierro al perĆ­odo en que se desarrolló la metalurgia del hierro, metal mĆ”s duro que la aleación de bronce y uno de los elementos mĆ”s abundantes de nuestro planeta. Los primeros artefactos de hierro fundido datan del III milenio a. C. y fueron hallados en Anatolia. A Europa comenzaron a llegar a partir del 1200 a. C., durante el Bronce Final.
A pesar de que los minerales de hierro son muy abundantes, su siderurgia requiere una tecnologĆ­a compleja y diferente a la de otros metales conocidos por entonces (refinado, fundido, forjado y templado), lo que obstaculizó su difusión: durante muchos siglos el hierro fue mĆ”s un objeto de prestigio que una materia prima utilizada en herramientas de uso habitual, por lo que el bronce no fue desbancado rĆ”pidamente. El hierro no se generalizó en Europa hasta, aproximadamente, el aƱo 800 a. C. y en la mayor parte del continente esta fase finalizarĆ­a con la romanización. Excepto en el norte de Alemania y en Escandinavia, donde persistió representada en las culturas de Jastorf y vikinga, respectivamente (los vikingos hasta alrededor del aƱo 1000 de nuestra era).

Lƭneas hipotƩticas que representan la entrada en la Historia de las regiones mediterrƔneas.
Hasta el siglo VIII a. C. solo el MediterrĆ”neo oriental entraba dentro de los parĆ”metros históricos. El aƱo 776 a. C. es reconocido por los antiguos griegos como el de su primera Olimpiada, es decir, el comienzo de su historia. Por esas mismas fechas, en la penĆ­nsula ItĆ”lica, la cultura de Villanova, una variante regional de los campos de urnas, derivó en la civilización etrusca. En el 753 a. C. los romanos sitĆŗan la fundación de la antigua Roma. AsĆ­ nacieron las civilizaciones clĆ”sicas, cada una de las cuales tenĆ­a su propio alfabeto, derivados todos ellos del fenicio (tambiĆ©n el ibĆ©rico). A su vez, el alfabeto fenicio es una simplificación del cuneiforme que partió de un viejo silabario de la ciudad portuaria de Ugarit (actual Ras Shamra, al norte del Siria), del segundo milenio. Posiblemente los fenicios fueron asimismo dinamizadores de los procesos locales que estaban dando lugar a la formación en AndalucĆ­a de Tartessos, una cultura de la que se sabe poco; entre otras cosas, pudo haber tenido su propio sistema de escritura, un amplio desarrollo social, cultural y, puede que, estatal. A juzgar por las fuentes escritas, las exploraciones fenicias comenzaron a finales del segundo milenio, pero no hay constancia arqueológica hasta el siglo VIII a. C.. Por esas mismas fechas la primera oleada de colonizadores griegos se estableció en el MediterrĆ”neo central, y, en el siglo siguiente, una segunda oleada alcanzó la penĆ­nsula IbĆ©rica (Ampurias, Hemeroscopio, Mainake). La influencia de fenicios y griegos debió ser fundamental no solo para la difusión de la metalurgia del hierro, sino, tambiĆ©n para el desarrollo de unas sociedades que entraron asĆ­ en la Historia.
En el resto de Europa este periodo suele dividirse en dos grandes fases:
Hallstatt
La cultura de Hallstatt (800-450 a. C.) o Primera Edad del Hierro en Europa Central, Francia y los Balcanes, es considerada heredera de los campos de urnas. Esta sociedad estaba dirigida por unas aristocracias guerreras reflejadas claramente en la riqueza de sus tumbas: algunas, por su contenido y su estructura, resultan claramente principescas, con ricos ajuares depositados en grandes cĆ”maras mortuorias de madera. En Ć©stas, el rito funerario predominante fue el de la inhumación bajo tĆŗmulo, que se fue imponiendo paulatinamente sobre la incineración, aunque Ć©sta siguió siendo habitual en las zonas perifĆ©ricas (donde suele hablarse de campos de urnas tardĆ­os). Al principio el uso del hierro era minoritario, pero a partir del siglo VII a. C. se fue generalizando. Estos grupos mantenĆ­an contactos comerciales con el MediterrĆ”neo y con las estepas del este europeo, haciendo, posiblemente, de intermediarios en el comercio del Ć”mbar y el estaƱo con el mundo mediterrĆ”neo.
La TĆØne
La cultura de La TĆØne (450 a. C. hasta la conquista romana) o Segunda Edad del Hierro en Centroeuropa, Francia, norte de EspaƱa e Islas britĆ”nicas. El hierro se habĆ­a generalizado y la economĆ­a diversificado, naciendo lo que se ha denominado cultura cĆ©ltica.42 Los asentamientos estaban fortificados y la complejidad de algunos de ellos es propia de centros proto-urbanos (que los romanos denominaban oppidum), con una estratificación social bien diferenciada, cuya cĆŗspide ocupaba la nobleza guerrera. Estos aristócratas gustaban de ser inhumados en grandes tumbas con ajuares muy ostentosos que incluyen carros de guerra, adornos, joyas, armas y grandes vasos de cerĆ”mica importados de Grecia y Etruria. La tumba de la princesa de Vix es el mejor ejemplo.
La penƭnsula IbƩrica durante la Edad del Hierro
La relación de los tartesios (en la Primera Edad del Hierro) y de los íberos (en la segunda) con fenicios y helenos actuó de catalizador en el desarrollo de sus respectivas sociedades, que podrían incluirse ya dentro de la Protohistoria.
  • La denominada cultura castreƱa se desarrolló en el noroeste peninsular. Durante mucho tiempo se pensó que estos grupos culturales eran cĆ©lticos, pero ahora se cree que los aportes hallstĆ”tticos son menores que los atlĆ”nticos e, incluso, que los mediterrĆ”neos. Su caracterĆ­stica distintiva es la presencia de poblados fortificados, situados en lugares altos, con varios cinturones de muralla concĆ©ntricos y, en el interior, numerosas casas de piedra circulares, sin organización urbanĆ­stica (son los llamados castros). Desarrollaron una cerĆ”mica propia que comparte ciertos paralelismos con las alfarerĆ­as meseteƱas); potenciaron la metalurgia del bronce en detrimento de la del hierro; y presentan diversas manifestaciones escultóricas, como los guerreros lusitanos y las casas ceremoniales ornadas con portadas laboriosamente esculpidas denominadas pedras formosas, en las citĆ¢nias portuguesas (se esculpĆ­an en edificios cuadrangulares con función religiosa controvertida: quizĆ”s lugares de culto a los muertos, baƱos purificadores u hornos para la incineración de cadĆ”veres).43 La economĆ­a era agropecuaria, pero tenĆ­an un gran peso la recolección de frutos silvestres, la pesca y el marisqueo. La cultura castreƱa galaico-portuguesa tuvo una larga pervivencia durante el proceso de romanización peninsular, siendo una de las zonas que mĆ”s se resistieron y que mejor mantuvieron sus tradiciones.
  • El interior de la PenĆ­nsula ha sido considerado tradicionalmente como un territorio de influencia cĆ©ltica. Sin embargo, hoy se sabe que la Meseta Central mantuvo, desde el primer momento, una fuerte tradición local y nunca llegó a desarrollarse un horizonte de campos de urnas, aunque es imposible negar la influencia cĆ©ltica.[cita requerida] Destacan tres grandes grupos culturales previos al mundo celtibĆ©rico (protohistórico o pre-romano):
El primero de ellos es la llamada Facies Soto de Medinilla, asentada en el Duero medio y que mezclaba aspectos intrusivos de gentes forĆ”neas con otros locales. Se trata de una cultura agrĆ­cola (basada en el cultivo del trigo) que, a pesar de su cronologĆ­a (siglo VIII a. C.-siglo V a. C.) apenas pudo conocer el hierro.
Algo mĆ”s tardĆ­a es la cultura de los Castros de Soria y Guadalajara (siglos VI y V a. C.), que en este caso es de carĆ”cter pastoril y con hĆ”bitats fuertemente defendidos, lo que nos indica tiempos de crisis.44 El hierro comenzó a ser mĆ”s abundante en esta Ć©poca, posiblemente porque se descubrieron minas en el Moncayo. Las necrópolis de campos de urnas halladas en el oriente meseteƱo tienen tumbas de guerreros con un abrumador repertorio de armas de influencia hallstĆ”tica, a las que se han incorporado elementos de la tradición local. Destacan las cachas de hueso, los pomos con antenas atrofiadas o en forma de T, y fastuosas vainas adornadas con discos, todo ello con incrustaciones y nielados de plata con complejos motivos decorativos. Sin duda, al margen de su utilidad bĆ©lica, se trataba de objetos que exhibĆ­an el rango social de sus portadores.
Por Ćŗltimo destacarĆ­a Cogotas-II (siglos V a III a. C.), que se ha asociado a una economĆ­a pastoril y agrĆ­cola extendida por toda la Meseta. Son caracterĆ­sticos sus castros fuertemente protegidos por sistemas defensivos hasta entonces desconocidos: murallas ciclópeas en varios recintos sucesivos cada vez mĆ”s inaccesibles; puertas con entradas desviadas para exponer a los posibles atacantes a los arqueros; grandes extensiones de piedras hincadas para repeler los ataques de la caballerĆ­a. Los castros de Las Cogotas, Las Merchanas o Sanchorreja son excelentes ejemplos. Los elementos materiales de no parecen enlazar con la tradición de Soto de Medinilla, excepto en pequeƱos detalles (sobre todo en los excelentes objetos metĆ”licos de prestigio), aunque en el castro de La Mota en Medina del Campo, es posible establece una continuidad estratigrĆ”fica entre la facies del Soto de Medinilla y el horizonte de Cogotas II.45 A menudo, el horizonte de Cogotas II se asocia al pueblo de los vetones y suele recibir el nombre de cultura de los Verracos.

Prehistoria de AmƩrica


Punta de lanza tipo Clovis en Nuevo MƩxico (Estados Unidos).
La teorĆ­a mĆ”s aceptada es que el poblamiento humano de AmĆ©rica se produjo desde Siberia a travĆ©s del estrecho de Bering. La fecha estĆ” sujeta a controversia: unos creen que solo hay pruebas para afirmar que los seres humanos llegaron hace unos 16 000 aƱos; otros apuntan a un poblamiento mĆ”s temprano, entre 70 000 y 45 000 aƱos antes del presente (AP); finalmente, hay un grupo que apunta a fechas todavĆ­a mĆ”s antiguas que el 75 000 AP.46 En cualquier caso, el aislamiento de AmĆ©rica respecto a otros continentes fue casi absoluto (aunque se sabe que hubo varias migraciones a lo largo de la Prehistoria), lo que justifica que no se emplee la periodización tradicional, sino otra especĆ­fica adecuada a la realidad arqueológica de este continente. En 1958, los arqueólogos Gordon Willey y Philip Phillips propusieron las siguientes etapas:

Periodo LĆ­tico o Paleoindio

Podría equipararse al Paleolítico Superior europeo, comprende desde la llegada de los primeros americanos (con una fecha variable, según el paradigma teórico defendido) hasta el comienzo del Holoceno. Dentro de este periodo hay dos fases:
  • Fase de cazadores-recolectores indiferenciados: caracterizado por una industria lĆ­tica arcaizante (cantos tallados, lascas musteroides, bifaces...); los restos son muy escasos pero pueden ponerse ejemplos datados por encima de los 30 000 aƱos de antigüedad en todo el continente, desde Topper (en Estados Unidos) hasta Pedra Furada (en Brasil), pasando por Tlapacoya (en MĆ©xico) o Monte Verde II (en Chile).
  • Fase de las Puntas de proyectil: EstarĆ­amos ante una cultura de tecnologĆ­a lĆ­tica muy avanzada y con una economĆ­a basada en la caza de piezas de mediano y gran tamaƱo. Aparece hace unos 13 000 aƱos y se caracteriza por diversos tipos de puntas de lanza foliĆ”ceas finamente elaboradas, las mĆ”s famosas son las de la cultura Clovis (Nuevo MĆ©xico), aunque, por supuesto, hay muchas mĆ”s. A destacar, por situación geogrĆ”fica, la Cueva Fell (en Tierra del Fuego, Chile), cuyas puntas, llamadas de «cola de pescado», se datan en el 7000 a. C.

Periodo Arcaico


Hueso Sacro de Tequixquiac hallado en MƩxico.

Arcaico Temprano

Hacia el VIII milenio a. C., a finales de la última glaciación, los antiguos americanos comienzan a experimentar con el cultivo de plantas y la cría de animales, iniciando un largo proceso hacia las primeras poblaciones sedentarias. Esta transición fue mÔs en el centro- noroeste del Perú y en el sur de México (las dos zonas nucleares fundamentales de América). También aparecen los primeros poblados estables y numerosas culturas que viven de la explotación intensiva de recursos oceÔnicos, cuyos restos mÔs típicos son los concheros, grandes montones de desperdicios de conchas de moluscos. Progresivamente, las comunidades van dependiendo mÔs y mÔs del producto de la agricultura, la ganadería y de la pesca.

Arcaico TardĆ­o

La sedentarización se sigue de un proceso de jerarquización de las comunidades, apareciendo hacia el IV milenio a. C. las primeras jefaturas extra-familiares que se van consolidando lentamente en autoridades polĆ­ticas permanentes de pueblos que forman grandes rutas de intercambio económico por medio del conocimiento de la astronomĆ­a y los ciclos agrĆ­colas.
Concretamente en los Andes sobresale la cultura de Caral (PerĆŗ), con una fecha inicial superior al 2600 a. C.
PeruCaral01.jpg El Altar del Fuego Sagrado - Caral.jpg
Dos vistas del sitio de Caral (PerĆŗ.)

Periodo Formativo

SerĆ­a el equivalente a la Protohistoria europea, pero mĆ”s dilatada; inmediatamente despuĆ©s de esta fase aparecen las primeras formas de escritura y las grandes civilizaciones clĆ”sicas como la de los Mayas o los Moche. Evidentemente, destaca por novedades como la agricultura, la ganaderĆ­a, la cerĆ”mica... Entre los 4000 a. C. y el comienzo de nuestra era. TambiĆ©n se produce la aparición de las primeras sociedades jerarquizadas con formas de gobierno relativamente complejas; de hecho, hay grandes civilizaciones como la de los Olmecas en MesoamĆ©rica y la Cultura ChavĆ­n en SudamĆ©rica, que llegan a dominar extensos territorios y a construir importantes centros urbanos en torno a santuarios dedicados al Dios Jaguar. Otras culturas reseƱables son las de los Anasazi y sus similares (Arizona), asĆ­ como los constructores de MontĆ­culos de NorteamĆ©rica.

Amerindio Hupa.

Umbral de la historia americana

En AmĆ©rica, la utilización de cobre nativo se remonta hacia el 900 a. C.; poco despuĆ©s comienza una metalurgia autĆ©ntica, basada en cobre y, sobre todo, oro y plata. El bronce no aparece hasta poco antes del aƱo 900. El hierro no se conoció hasta la llegada de los europeos. Arriba se explica que durante las fases finales de los olmecas, al comenzar nuestra era, nació la escritura en MesoamĆ©rica: estarĆ­amos, pues, entrando ya en la Historia. Esto se corrobora con el hallazgo reciente de ciertos objetos extraĆ­dos de zonas donde tuvieron lugar asentamientos olmecas (Tabasco y Veracruz, MĆ©xico) cuya datación mediante el carbono 14 sitĆŗa su origen alrededor del aƱo 900 a. C. Estos elementos presentan glifos que, por sus caracterĆ­sticas, han permitido suponer que el sistema de sĆ­mbolos empleados fue la base de la escritura maya, que alcanzó su mayor perfeccionamiento entre el 200 y el 900 d. C.
Prehistoria de AmƩrica
Mayas Modernidad Periodo PosclƔsico de AmƩrica Periodo ClƔsico de AmƩrica Periodo Formativo de AmƩrica Periodo Arcaico de AmƩrica Periodo Arcaico de AmƩrica Paleoindio Historia Metales Neolƭtico Mesolƭtico Paleolƭtico

VƩase tambiƩn

Referencias



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    Enlaces externos


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