Ur
Ur fue una antigua ciudad del sur de Mesopotamia. Originalmente, estaba localizada cerca de Eridu y de la desembocadura del rĆo Ćufrates en el golfo PĆ©rsico. Hoy en dĆa, sus ruinas se encuentran a 24 km al suroeste de Nasiriya, en el actual Irak
Los restos de Ur forman una colina de ruinas de 12 m de altitud en mitad del desierto de Iraq, a unos 24 km al suroeste de Nasiriya. Las ruinas eran llamadas por los habitantes locales Tell al-Muqayyar (montĆculo de brea).
La primera investigación en la zona fue llevada a cabo por el cónsul britĆ”nico en Basora J. E. Taylor en 1854 por sugerencia del Museo BritĆ”nico. Ya entonces se encontraron tablillas que indicaban que los restos pertenecĆan a la Ur bĆblica; sin embargo, esto no fue suficiente para que se realizasen investigaciones de importancia y poco despuĆ©s se abandonó el lugar, produciĆ©ndose saqueos. Miles de tablillas cuneiformes terminaron en los mercados de Bagdad y, desde allĆ, en colecciones privadas.
Tras la Primera Guerra Mundial, Irak pasó a formar parte del Imperio britÔnico. Esta situación fue aprovechada por el Museo BritÔnico, que consiguió establecer excavaciones en Ur, Eridu y El Obeid entre 1918 y 1919. En 1920, arqueólogos de la Universidad de Pensilvania al mando de Leonard Woolley tomaron el relevo de los ingleses. En las excavaciones, que duraron hasta 1934, se encontraron numerosos objetos de valor, entre los que se destacó el contenido de las llamadas Tumbas Reales.
En la década de 1970 el gobierno de Saddam Hussein emprendió la restauración del zigurat de Ur-Nammu, que se convirtió en uno de los monumentos mÔs importantes de Irak.
Durante el IV milenio a. C. (perĆodo de Uruk) la gran cantidad de cerĆ”mica encontrada parece indicar que Ur pudo haber sido un centro importante de producción. Esta situación se prolongó hasta el perĆodo Yemdet-Nasr, hacia el 3000 a. C. En algĆŗn momento del milenio siguiente se produjo una inundación de carĆ”cter local que dejó una importante capa de lodo en los estratos.1
La información de las capas pertenecientes al perĆodo DinĆ”stico Arcaico
es reducida, ya que unos 500 años después se derribó gran parte de las
antiguas estructuras para construir otras mƔs monumentales. Sin embargo,
la historia de la ciudad puede reconstruirse en base a inscripciones en
otras ciudades.
En algunos textos de Lagash, ciertos monarcas de esa ciudad se atribuyen haber conquistado Ur, si bien no indican los nombres de los reyes derrotados. Tampoco en la lista Real Sumeria se menciona a esos conquistadores, sino que hace referencia a una cesión de la realeza desde Uruk, al monarca de Ur, Mesannepada. En los sellos de este rey se encuentra que se titulaba "rey de Kish", tĆtulo que podrĆa hacer referencia no tanto a la ciudad acadia como a todo el territorio de la Mesopotamia central, lo cual podrĆa estar apoyado por el uso que, posteriormente, Sargón de Acad dio a este tĆtulo. Esto indicarĆa una posible hegemonĆa de Ur en la zona a mediados del DinĆ”stico Arcaico, lo cual estarĆa respaldado por algunos restos, que muestran el incendio de la ciudad de Shuruppak y la destrucción del palacio de Kish.1
Se conocen algunos datos de la familia de Mesanepada. AsĆ, una tablilla de fundación encontrada en un templo cerca de tell Obeid nombra a un tal Aanepada, hijo de Mesannepada. El hijo de Aanepada se llamaba Meskiaga-nuna, y fue Ć©l quien sucedió a su abuelo en el trono. De este rey se conoce su existencia por una tablilla que le dedicó su esposa a su muerte. La lista real sumeria menciona a estos dos reyes y a dos mĆ”s, en la que denomina dinastĆa I de Ur. De estos dos Ćŗltimos reyes destaca que sus nombres no son sumerios sino acadios.1
Los nombres de los monarcas de la dinastĆa II de Ur aparecen muy deteriorados en la lista Real; sin embargo, se conocen bien los acontecimientos de este perĆodo, marcado por la rivalidad entre las distintas ciudades. Hacia el siglo XXIV a. C. el rey de Umma Lugalzagesi conquista las ciudades del sur de Mesopotamia, incluida Ur, formando una hegemonĆa local y declarĆ”ndose rey de Kish, al igual que habĆan hecho los monarcas de la dinastĆa I de Ur.2
Durante el reinado del nieto de Sargón, Naram-Sin, la ciudad seguĆa formando parte del Imperio acadio, si bien se produjeron rebeliones. A esta Ć©poca pertenece un texto escrito por Enheduanna, una sacerdotisa en y escriba en el templo de Nannar en Ur.3 La historia narra en primera persona el sufrimiento de la sacerdotisa que ha sido expulsada de Ur por el lugal local, Lugal-ane. La historicidad de los personajes parece estar demostrada; en el caso de Lugal-ane, por inscripciones en las que Naram-Sin le nombra como uno de los cabecillas de las revueltas de las ciudades del sur y, en el caso de Enheduanna, por un relieve en la que se le dibuja sentada junto al dios Nannar.
Los motivos de la expulsión de Enheduanna no estĆ”n claros; el texto la menciona como hija de Sargón, lo cual podrĆa indicar una filiación simbólica mĆ”s que una relación familiar. De hecho, segĆŗn su sello, fue nombrada sacerdotisa por el conquistador acadio. AsĆ, es posible que esta designación hubiese incomodado al lugal de Ur, siendo Ć©ste el motivo de la expulsión.
La historia es representada como un conflicto entre el dios Nannar, que representa a Ur, e Innana, que representa a AgadĆ© y al poder imperial; el Ć”rbitro del conflicto es el dios del cielo An de Uruk. SegĆŗn la historia, An falla en favor de Inanna y Enheduanna recupera su posición. No se conoce cuĆ”l fue la historia real que inspiró esta alegorĆa, si bien se sabe que las revueltas de Ur y las demĆ”s ciudades fueron sofocadas por Naram-Sin.
A finales del siglo, durante el reinado de Sharkalisharri, hijo de Naram-Sin, el imperio se vio superado por las numerosas revueltas y los ataques de los pueblos vecinos. Asà consiguió su independencia Ur.
Pocos aƱos despuĆ©s de la caĆda del imperio, el norte fue invadido por los nómadas gutis, si bien parece que no llegaron a afectar al Ć”rea del sur, donde se encontraba Ur. En esta etapa destacó la ciudad de Lagash que segĆŗn parece mantuvo algĆŗn tipo de dominio sobre Ur.
Hacia el siglo XXII a. C., Utu-hegal de Uruk expulsó a los gutis del norte consiguiendo la hegemonĆa en Sumeria. A su muerte fue su hermano Ur-Nammu, que posiblemente gobernaba hasta entonces en Ur, quien le sucedió en su imperio. En todo caso, el nuevo rey escogió a Ur como capital de su reino, fundando la que se ha llamado dinastĆa III de Ur o Ur III, que durante casi un siglo mantuvo la hegemonĆa sobre un territorio que abarcaba la totalidad de la cuenca mesopotĆ”mica y Elam.
En esta situación la ciudad de Ur quedó convertida en una gran capital, llegando a alcanzar los 200 mil habitantes. Es en este perĆodo cuando se destruyeron los anteriores edificios y se levantaron los que se pueden contemplar aun actualmente. Entre estas construcciones destaca el enorme zigurat de Ur, construido durante los reinados de Ur-Nammu (2113 - 2094 a. C.) y su sucesor Shulgi (2094 - 2047 a. C.) y que aĆŗn se mantiene en pie, tras su restauración parcial en los aƱos 70. No se conoce la altura que llegó a alcanzar ya que, si bien las ruinas actuales miden 15 metros, a lo largo de 4.000 aƱos la edificación ha debido sufrir una gran erosión. TambiĆ©n en esta etapa se construyó el Gipar, un templo consagrado a Ningal. La tercera dinastĆa de Ur se caracterizó tambiĆ©n por desarrollar un sistema de impuestos que, si bien resultaba eficaz, suponĆa una carga muy pesada para las clases populares.
La caĆda de la hegemonĆa de Ur estuvo marcada por la llegada de oleadas de nómadas procedentes de las regiones desĆ©rticas occidentales: los amorreos. Los reciĆ©n llegados se fueron estableciendo en el curso medio del Ćufrates, en la zona de Babilonia, consiguiendo cada vez mĆ”s influencia. Tras la pĆ©rdida de las regiones perifĆ©ricas del imperio, Shu-Sin (2037 - 2027 a. C.) dirigió la construcción de una muralla de 270 km con el objetivo de frenar a los nómadas. Su sucesor Ibbi-Sin (2026 - 2004 a. C.) tuvo que enfrentar ademĆ”s los intentos de independencia de las demĆ”s ciudades. En esta situación, un antiguo gobernante de Mari e influyente funcionario llamado Ishbi-Erra se asoció a los distintos enemigos de Ur dĆ”ndole el golpe final, causando la disolución del imperio. Tras esto, Ishbi-Erra fundó una dinastĆa en Isin.
Hacia finales del siglo XXI a. C. los elamitas, dirigidos por el rey de Simash y que hasta entonces habĆan estado sometidos a Ur, ocuparon la ciudad, que fue arrasada. Los templos fueron saqueados y las viviendas destruidas, su monarca Ibbi-Sin fue hecho prisionero y llevado a Elam, y los campos fueron incendiados. Tras el saqueo, la ciudad cayó bajo la influencia de Ishbi-Erra.
En este contexto se desarrollan las llamadas Lamentaciones de Ur, un texto sumerio en el cual se atribuye la caĆda de Ur a la pĆ©rdida del favor de los dioses, tras lo cual se narran una serie de proyectos y deseos para que la ciudad recupere su estado anterior. Las lamentaciones se han interpretado como un texto de carĆ”cter polĆtico donde, tras la caĆda en desgracia de la ciudad, Ishbi-Erra, el nuevo gobernante, procederĆ” a su reconstrucción con el beneplĆ”cito de los dioses.
Debido a su tamaƱo, el montĆculo formado por las ruinas de Ur destacó
durante siglos despuƩs de su abandono. Entre las edificaciones de las
que quedan restos destacan el Gipar y el zigurat, construidos durante los primeros reinados de la dinastĆa III. No se conservan los templos del Imperio acadio,
ya que fueron destruidos al construir los templos posteriores. Del
perĆodo DinĆ”stico Arcaico sólo se conservan algunos restos en los que se
aprecia una edificación a base de ladrillos plano convexos.
Los dos edificios religiosos que se conservan estaban situados en un segmento de la ciudad rodeado por una muralla de 8 metros, cuya pared exterior estaba inclinada 45º. La sección noroeste de este recinto sagrado estaba dedicada al dios Nannar.
El zigurat de Ur-Nammu, cuyo nombre en sumerio era Ć©-temen-nĆ-gùr-ru (casa de cimientos revestidos de terror) fue construido durante la primera mitad del siglo XXI a. C. y estaba rodeado por su propia muralla. La estructura aĆŗn se conserva y fue parcialmente reparada a finales de los aƱos 70. Tiene planta rectangular de 61×45,7 metros y 15 metros de altura, si bien es probable que en su Ć©poca tuviese bastante mĆ”s metros de altura, perdidos debido a la erosión. El interior del zigurat no es hueco, sino que estĆ” completamente formado por ladrillos de barro. Las paredes exteriores estĆ”n recubiertas por una capa de 2,4 metros de grosor de ladrillo cocido y betĆŗn y cada una de ellas estĆ” orientada a un punto cardinal. Es posible que en la cima albergase un templo. El acceso a las plantas superiores se realizaba a travĆ©s de tres escaleras exteriores.
El Gippar era un recinto sagrado consagrado a Ningal situado en el sureste del recinto. Si bien fue remodelado por completo durante la dinastĆa III de Ur, es muy posible que su construcción se remontase al perĆodo DinĆ”stico Arcaico. El interior del edificio estaba dividido en dos partes por un pasillo y contenĆa numerosas habitaciones que se situaban alrededor de patios. El Gippar funcionaba como residencia de la sacerdotisa en y su sĆ©quito. AdemĆ”s, la diosa Ningal tenĆa varias habitaciones reservadas a su uso.
En cuanto a la arquitectura residencial, la vivienda del Ur del II milenio a. C. estaba organizada en torno a un espacio central y generalmente tenĆa dos plantas. El espacio central ha sido interpretado en ocasiones como un patio, si bien es probable que se encontrase cubierto. En la ciudad se ha encontrado otro tipo de edificaciones de peor calidad, formadas simplemente como un agrupamiento en lĆnea de unas pocas habitaciones. Se ha especulado sobre la posibilidad de que se tratase de comercios o talleres, si bien tambiĆ©n es posible que fuese un tipo mĆ”s humilde de vivienda.4
De todas las sepulturas, destacaba la de una reina identificada gracias a su sello cilĆndrico como Puabi.
En su interior, ademƔs de la reina, se encontraban los cuerpos de cinco
hombres armados y diez mujeres acompaƱadas por la magnĆfica Arpa de Ur
rematada por la cabeza de un toro en oro. La cĆ”mara contenĆa incluso un
carro y los esqueletos de dos bueyes. El cuerpo de la reina estaba
envuelto en joyas y mantos con incrustaciones. Sobre la cabeza llevaba
un tocado a base de hojas y una peineta rematada por estrellas de cinco
puntas. Cerca de su mano tenĆa una copa de oro. Debajo de un baĆŗl habĆa
un pasadizo que comunicaba con otra cƔmara funeraria; en ella se
encontraba el rey A-kalam-dug de Ur, cuya tumba habĆa sido parcialmente saqueada.
Otra de las tumbas reales pertenecĆa al lugal Meskalamdug. En otra de las fosas, cuyo dueƱo no se conoce, se encontraron 74 cuerpos, la mayorĆa de mujeres, lujosamente ataviados. Es en esta Ćŗltima tumba donde se encontró el Estandarte de Ur, una de las piezas mĆ”s cĆ©lebres de las halladas en Ur. El estandarte, estĆ” dividido en distintas franjas que contienen escenas cotidianas y de guerra, en la que destaca la representación de carros de guerra.
Se ha interpretado de diferentes formas el hecho de que las tumbas reales contuviesen cuerpos de sus sirvientes; para algunos autores, se trataba de enterramientos rituales, en los que el monarca era acompañado por éstos hacia el mÔs allÔ. Sin embargo esto no ha sido demostrado y también se han barajado otras opciones, como que la tumba real fuese escogida por las élites como lugar ilustre de enterramiento, siendo sus cuerpos desplazados allà una vez construida.
Leick, Gwendolyn (2002). «Ur». Mesopotamia: la invención de la ciudad. Barcelona: RubĆ. 84-493-1275-2.
Margueron, Jean-Claude (2002). «La Ć©poca del DinĆ”stico Arcaico». Los mesopotĆ”micos. Fuenlabrada: CĆ”tedra. ISBN 84-376-1477-5.
Zgoll, Annette (1997). Ugarit-Verlag, ed. Der Rechtsfall der en-įø«edu-ana im Lied NIN-ME-Å ARA. p. 45. ISBN 3927120502.
Trabajos arqueológicos
Restos de la ciudad de Ur con el Zigurat de Ur-Nammu al fondo. Restaurado en los aƱos 70 para atraer turistas al Ɣrea de Nasiriya.
La primera investigación en la zona fue llevada a cabo por el cónsul britĆ”nico en Basora J. E. Taylor en 1854 por sugerencia del Museo BritĆ”nico. Ya entonces se encontraron tablillas que indicaban que los restos pertenecĆan a la Ur bĆblica; sin embargo, esto no fue suficiente para que se realizasen investigaciones de importancia y poco despuĆ©s se abandonó el lugar, produciĆ©ndose saqueos. Miles de tablillas cuneiformes terminaron en los mercados de Bagdad y, desde allĆ, en colecciones privadas.
Tras la Primera Guerra Mundial, Irak pasó a formar parte del Imperio britÔnico. Esta situación fue aprovechada por el Museo BritÔnico, que consiguió establecer excavaciones en Ur, Eridu y El Obeid entre 1918 y 1919. En 1920, arqueólogos de la Universidad de Pensilvania al mando de Leonard Woolley tomaron el relevo de los ingleses. En las excavaciones, que duraron hasta 1934, se encontraron numerosos objetos de valor, entre los que se destacó el contenido de las llamadas Tumbas Reales.
En la década de 1970 el gobierno de Saddam Hussein emprendió la restauración del zigurat de Ur-Nammu, que se convirtió en uno de los monumentos mÔs importantes de Irak.
Historia
Los primeros restos de Ur pertenecen al perĆodo de El Obeid (V milenio a. C.), en el cual se produjeron los primeros asentamientos urbanos en la zona. Ur es, por tanto, una de las ciudades mĆ”s antiguas de Sumeria.Durante el IV milenio a. C. (perĆodo de Uruk) la gran cantidad de cerĆ”mica encontrada parece indicar que Ur pudo haber sido un centro importante de producción. Esta situación se prolongó hasta el perĆodo Yemdet-Nasr, hacia el 3000 a. C. En algĆŗn momento del milenio siguiente se produjo una inundación de carĆ”cter local que dejó una importante capa de lodo en los estratos.1
PerĆodo DinĆ”stico Arcaico
El Estandarte de Ur
fue hallado en una tumba perteneciente a los siglos XXVII-XXV, en el
perĆodo DinĆ”stico Arcaico. Representa diversas escenas de la vida
cotidiana y de guerra.
En algunos textos de Lagash, ciertos monarcas de esa ciudad se atribuyen haber conquistado Ur, si bien no indican los nombres de los reyes derrotados. Tampoco en la lista Real Sumeria se menciona a esos conquistadores, sino que hace referencia a una cesión de la realeza desde Uruk, al monarca de Ur, Mesannepada. En los sellos de este rey se encuentra que se titulaba "rey de Kish", tĆtulo que podrĆa hacer referencia no tanto a la ciudad acadia como a todo el territorio de la Mesopotamia central, lo cual podrĆa estar apoyado por el uso que, posteriormente, Sargón de Acad dio a este tĆtulo. Esto indicarĆa una posible hegemonĆa de Ur en la zona a mediados del DinĆ”stico Arcaico, lo cual estarĆa respaldado por algunos restos, que muestran el incendio de la ciudad de Shuruppak y la destrucción del palacio de Kish.1
Se conocen algunos datos de la familia de Mesanepada. AsĆ, una tablilla de fundación encontrada en un templo cerca de tell Obeid nombra a un tal Aanepada, hijo de Mesannepada. El hijo de Aanepada se llamaba Meskiaga-nuna, y fue Ć©l quien sucedió a su abuelo en el trono. De este rey se conoce su existencia por una tablilla que le dedicó su esposa a su muerte. La lista real sumeria menciona a estos dos reyes y a dos mĆ”s, en la que denomina dinastĆa I de Ur. De estos dos Ćŗltimos reyes destaca que sus nombres no son sumerios sino acadios.1
Los nombres de los monarcas de la dinastĆa II de Ur aparecen muy deteriorados en la lista Real; sin embargo, se conocen bien los acontecimientos de este perĆodo, marcado por la rivalidad entre las distintas ciudades. Hacia el siglo XXIV a. C. el rey de Umma Lugalzagesi conquista las ciudades del sur de Mesopotamia, incluida Ur, formando una hegemonĆa local y declarĆ”ndose rey de Kish, al igual que habĆan hecho los monarcas de la dinastĆa I de Ur.2
Imperio acadio
El dominio de Lugalzagesi no duró mucho ya que hacia el 2335 a. C. Sargón I de Acad fundó AgadĆ© y comenzó sus conquistas, venciendo primero a Lugalzagesi y despuĆ©s a todas las ciudades sumerias, incluida Ur, a la que derribó sus murallas. Tras esto Ur y las demĆ”s ciudades sumerias quedaron incorporadas en el Imperio acadio. Tras la muerte de Sargón todas ellas se sublevaron, siendo reprimidas por su sucesor.1Durante el reinado del nieto de Sargón, Naram-Sin, la ciudad seguĆa formando parte del Imperio acadio, si bien se produjeron rebeliones. A esta Ć©poca pertenece un texto escrito por Enheduanna, una sacerdotisa en y escriba en el templo de Nannar en Ur.3 La historia narra en primera persona el sufrimiento de la sacerdotisa que ha sido expulsada de Ur por el lugal local, Lugal-ane. La historicidad de los personajes parece estar demostrada; en el caso de Lugal-ane, por inscripciones en las que Naram-Sin le nombra como uno de los cabecillas de las revueltas de las ciudades del sur y, en el caso de Enheduanna, por un relieve en la que se le dibuja sentada junto al dios Nannar.
Los motivos de la expulsión de Enheduanna no estĆ”n claros; el texto la menciona como hija de Sargón, lo cual podrĆa indicar una filiación simbólica mĆ”s que una relación familiar. De hecho, segĆŗn su sello, fue nombrada sacerdotisa por el conquistador acadio. AsĆ, es posible que esta designación hubiese incomodado al lugal de Ur, siendo Ć©ste el motivo de la expulsión.
La historia es representada como un conflicto entre el dios Nannar, que representa a Ur, e Innana, que representa a AgadĆ© y al poder imperial; el Ć”rbitro del conflicto es el dios del cielo An de Uruk. SegĆŗn la historia, An falla en favor de Inanna y Enheduanna recupera su posición. No se conoce cuĆ”l fue la historia real que inspiró esta alegorĆa, si bien se sabe que las revueltas de Ur y las demĆ”s ciudades fueron sofocadas por Naram-Sin.
A finales del siglo, durante el reinado de Sharkalisharri, hijo de Naram-Sin, el imperio se vio superado por las numerosas revueltas y los ataques de los pueblos vecinos. Asà consiguió su independencia Ur.
La dinastĆa III de Ur
Extensión del imperio durante la Tercera DinastĆa de Ur.
Hacia el siglo XXII a. C., Utu-hegal de Uruk expulsó a los gutis del norte consiguiendo la hegemonĆa en Sumeria. A su muerte fue su hermano Ur-Nammu, que posiblemente gobernaba hasta entonces en Ur, quien le sucedió en su imperio. En todo caso, el nuevo rey escogió a Ur como capital de su reino, fundando la que se ha llamado dinastĆa III de Ur o Ur III, que durante casi un siglo mantuvo la hegemonĆa sobre un territorio que abarcaba la totalidad de la cuenca mesopotĆ”mica y Elam.
En esta situación la ciudad de Ur quedó convertida en una gran capital, llegando a alcanzar los 200 mil habitantes. Es en este perĆodo cuando se destruyeron los anteriores edificios y se levantaron los que se pueden contemplar aun actualmente. Entre estas construcciones destaca el enorme zigurat de Ur, construido durante los reinados de Ur-Nammu (2113 - 2094 a. C.) y su sucesor Shulgi (2094 - 2047 a. C.) y que aĆŗn se mantiene en pie, tras su restauración parcial en los aƱos 70. No se conoce la altura que llegó a alcanzar ya que, si bien las ruinas actuales miden 15 metros, a lo largo de 4.000 aƱos la edificación ha debido sufrir una gran erosión. TambiĆ©n en esta etapa se construyó el Gipar, un templo consagrado a Ningal. La tercera dinastĆa de Ur se caracterizó tambiĆ©n por desarrollar un sistema de impuestos que, si bien resultaba eficaz, suponĆa una carga muy pesada para las clases populares.
La caĆda de la hegemonĆa de Ur estuvo marcada por la llegada de oleadas de nómadas procedentes de las regiones desĆ©rticas occidentales: los amorreos. Los reciĆ©n llegados se fueron estableciendo en el curso medio del Ćufrates, en la zona de Babilonia, consiguiendo cada vez mĆ”s influencia. Tras la pĆ©rdida de las regiones perifĆ©ricas del imperio, Shu-Sin (2037 - 2027 a. C.) dirigió la construcción de una muralla de 270 km con el objetivo de frenar a los nómadas. Su sucesor Ibbi-Sin (2026 - 2004 a. C.) tuvo que enfrentar ademĆ”s los intentos de independencia de las demĆ”s ciudades. En esta situación, un antiguo gobernante de Mari e influyente funcionario llamado Ishbi-Erra se asoció a los distintos enemigos de Ur dĆ”ndole el golpe final, causando la disolución del imperio. Tras esto, Ishbi-Erra fundó una dinastĆa en Isin.
Hacia finales del siglo XXI a. C. los elamitas, dirigidos por el rey de Simash y que hasta entonces habĆan estado sometidos a Ur, ocuparon la ciudad, que fue arrasada. Los templos fueron saqueados y las viviendas destruidas, su monarca Ibbi-Sin fue hecho prisionero y llevado a Elam, y los campos fueron incendiados. Tras el saqueo, la ciudad cayó bajo la influencia de Ishbi-Erra.
En este contexto se desarrollan las llamadas Lamentaciones de Ur, un texto sumerio en el cual se atribuye la caĆda de Ur a la pĆ©rdida del favor de los dioses, tras lo cual se narran una serie de proyectos y deseos para que la ciudad recupere su estado anterior. Las lamentaciones se han interpretado como un texto de carĆ”cter polĆtico donde, tras la caĆda en desgracia de la ciudad, Ishbi-Erra, el nuevo gobernante, procederĆ” a su reconstrucción con el beneplĆ”cito de los dioses.
DespuĆ©s de la dinastĆa III
En los aƱos siguientes, el dominio de Ur y el del resto de la región se alternó entre IsĆn y Larsa. Tras las conquistas de Hammurabi, durante el Imperio paleobabilónico (siglos XVIII y XVII a. C.), la ciudad jugó un papel muy importante como centro de culto. Mil aƱos despuĆ©s, Nabucodonosor II llevó a cabo una ambiciosa reconstrucción de los templos de Ur, que aĆŗn era un importante centro urbano. El declive de la ciudad sólo se produjo tras el final de los reinos mesopotĆ”micos, con la conquista de la región por parte del Imperio persa.Arquitectura
Reconstrucción por Computadora del zigurat de Ur-Nammu.
Los dos edificios religiosos que se conservan estaban situados en un segmento de la ciudad rodeado por una muralla de 8 metros, cuya pared exterior estaba inclinada 45º. La sección noroeste de este recinto sagrado estaba dedicada al dios Nannar.
El zigurat de Ur-Nammu, cuyo nombre en sumerio era Ć©-temen-nĆ-gùr-ru (casa de cimientos revestidos de terror) fue construido durante la primera mitad del siglo XXI a. C. y estaba rodeado por su propia muralla. La estructura aĆŗn se conserva y fue parcialmente reparada a finales de los aƱos 70. Tiene planta rectangular de 61×45,7 metros y 15 metros de altura, si bien es probable que en su Ć©poca tuviese bastante mĆ”s metros de altura, perdidos debido a la erosión. El interior del zigurat no es hueco, sino que estĆ” completamente formado por ladrillos de barro. Las paredes exteriores estĆ”n recubiertas por una capa de 2,4 metros de grosor de ladrillo cocido y betĆŗn y cada una de ellas estĆ” orientada a un punto cardinal. Es posible que en la cima albergase un templo. El acceso a las plantas superiores se realizaba a travĆ©s de tres escaleras exteriores.
El Gippar era un recinto sagrado consagrado a Ningal situado en el sureste del recinto. Si bien fue remodelado por completo durante la dinastĆa III de Ur, es muy posible que su construcción se remontase al perĆodo DinĆ”stico Arcaico. El interior del edificio estaba dividido en dos partes por un pasillo y contenĆa numerosas habitaciones que se situaban alrededor de patios. El Gippar funcionaba como residencia de la sacerdotisa en y su sĆ©quito. AdemĆ”s, la diosa Ningal tenĆa varias habitaciones reservadas a su uso.
En cuanto a la arquitectura residencial, la vivienda del Ur del II milenio a. C. estaba organizada en torno a un espacio central y generalmente tenĆa dos plantas. El espacio central ha sido interpretado en ocasiones como un patio, si bien es probable que se encontrase cubierto. En la ciudad se ha encontrado otro tipo de edificaciones de peor calidad, formadas simplemente como un agrupamiento en lĆnea de unas pocas habitaciones. Se ha especulado sobre la posibilidad de que se tratase de comercios o talleres, si bien tambiĆ©n es posible que fuese un tipo mĆ”s humilde de vivienda.4
Las tumbas reales de Ur
Uno de los hallazgos mĆ”s sorprendentes de la expedición de Leonard Wooley en Ur fue una serie de 16 sepulturas a las que se denominó las Tumbas Reales de Ur. PertenecĆan al perĆodo DinĆ”stico Arcaico y estaban construidas por paredes de ladrillo o piedra coronadas por una bóveda. Se encontraban en un cementerio mayor, destinado a todo tipo de personas y que contenĆa mĆ”s de 2.500 tumbas. Cada una de las tumbas reales contenĆa un cuerpo principal y un cierto nĆŗmero de acompaƱantes, asĆ como numerosas riquezas.
Copa de oro encontrada en la tumba de la reina Puabi, actualmente en el Museo BritĆ”nico. 2600 - 2400 a. C., perĆodo DinĆ”stico Arcaico.
Otra de las tumbas reales pertenecĆa al lugal Meskalamdug. En otra de las fosas, cuyo dueƱo no se conoce, se encontraron 74 cuerpos, la mayorĆa de mujeres, lujosamente ataviados. Es en esta Ćŗltima tumba donde se encontró el Estandarte de Ur, una de las piezas mĆ”s cĆ©lebres de las halladas en Ur. El estandarte, estĆ” dividido en distintas franjas que contienen escenas cotidianas y de guerra, en la que destaca la representación de carros de guerra.
Se ha interpretado de diferentes formas el hecho de que las tumbas reales contuviesen cuerpos de sus sirvientes; para algunos autores, se trataba de enterramientos rituales, en los que el monarca era acompañado por éstos hacia el mÔs allÔ. Sin embargo esto no ha sido demostrado y también se han barajado otras opciones, como que la tumba real fuese escogida por las élites como lugar ilustre de enterramiento, siendo sus cuerpos desplazados allà una vez construida.
VƩase tambiƩn
Referencias
- Margueron, Jean-Claude (2002). «La casa del hombre». Los mesopotĆ”micos. Fuenlabrada: CĆ”tedra. ISBN 84-376-1477-5.
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